domingo, 10 de mayo de 2015

CAFÉ Y TINTA... CON VIDAL FERNÁNDEZ SOLANO




Cuando llamé a mi amigo Vidal y lo invité a tomar café y charlar un rato (intentaré que sea él quien me termine invitando… jejeje), sabía que no me dejaría plantado aquí en el bar.
Y es que Vidal, es un tipo peculiar. Uno de esos escritores que, por su estilo narrativo, y por los temas que tocan sus escritos, pasará por esta vida sin dejar indiferente a nadie. Es otro de esos escritores anónimos que luchan por tener esa oportunidad de mostrar lo que es capaz de hacer, de escribir… de imaginar.
Mirad, por ahí viene…

—¡Eh! ¡Vidal!... ¡aquí, junto a la ventana! ¿Cómo estás, tío? Me he tomado la libertad de pedirte un café. Oye, mientras que viene el camarero, me gustaría preguntarte una cosa que me viene dando vueltas al coco hace un tiempo… ¿realmente piensas que Montague Druitt era el verdadero Jack el Destripador, o solo fue la excusa perfecta para escribir “Fuego de noche, hielo de día” un soberbio relato sobre los asesinatos de Whitechapel(altamente recomendable, amigos)?

—En absoluto. No quería escribir un relato sobre crímenes, sangre, policiaco, sino sobre la persona que fue el famoso asesino. Cuando me puse a escribir el relato desconocía todo acerca de la historia del Destripador. Pero al ir avanzando en mi investigación me di cuenta de que al principio pretendía llamar la atención con simples crímenes y después, cuando la prensa lo elevó a lo que hoy sería una celebrity, se hizo más “carnicero”, más sensacionalista. Antes era un asesino, después actuaba para las cámaras. Para mí el principal sospechoso es el exnovio de la última víctima, Mary Jane Kelly. Él quería que abandonase la prostitución pero ella seguía a lo suyo y por eso empezó a matar prostitutas, para asustarla. Al final la mató a ella, y dejó al cuerpo tan machacado que era irreconocible. El personaje de Druitt me vino bien porque hallaron su cuerpo en el Támesis unas semanas después de la muerte de Kelly, y eso me sirvió para justificar por qué no siguió matando. Yo no intentaba apoyar ninguna hipótesis, solo construir un relato. Sin embargo, hay personas que ya sabían mucho del tema… ejem… como tú. Si hubieras elegido ese tema para escribir ¿de qué habrías hablado?

—Pues si tú supieras que estuve a punto de escribir un relato sobre Jack precisamente este año y para el mismo concurso en el que presentaste el tuyo… Mi protagonista era una de las asesinadas (aún no había decidido cuál), y la historia giraría en torno a la miseria de Whitechapel… la figura del asesino solo aparecería de trasfondo, y el final, lógicamente, era el asesinato de la prota. Ahora, a toro pasado, y viendo tu “retoño”, creo que dejaré indefinidamente en la nevera esa historia. Y lo digo porque, al estar tan bien montada, temo que inconscientemente me deje influenciar por la atmósfera que creaste. Me ha pasado en otras ocasiones, así que sé de lo que hablo, jejeje. De todas formas, no es el primer relato tuyo que me gusta, lo sabes. Sobre todo me mola esa “oscuridad” que asoma a tus historias… venga, va… seguro que esto no te lo han preguntado nunca (modo ironic ON)… ¿qué influencias literarias tienes? ¿Poe, Lovecraft?...

—Lovecraft, definitivamente no. De Poe leí algunas cosas de adolescente. Esa es una pregunta sencilla de difícil respuesta. Tú has escrito muchos relatos que han ganado concursos, de géneros muy dispares (yo también he hecho mis averiguaciones). El único autor del que puedo decir que una vez, en mis años mozos, fui seguidor, es de S. King. Ahora me gusta leer de todo, solo pido que la historia me enganche de principio a fin. No soy de los que creen en una única influencia. ¿Cuáles son tus autores de culto, ya sabes, esos a los que quizás te gustaría parecerte un poco?

— Yo reconozco que tengo muchos. García Márquez, Cortázar. Poe, por supuesto. Y luego, un peldañito más abajo Orwell, Capote, Dos Passos, Burgess… reconozco que también he seguido (¡y sigo!) a Stephen King. Otro de mis favoritos es Sharpe, aunque en otro registro, claro. Como ves mis gustos son bastante heterogéneos; menos la literatura erótico-romántica, leo un poco de todo.  Antes de que me lo preguntes, de la literatura española me quedo con Delibes, Lorca… y me reconozco devorador de la obra de Vázquez-Figueroa. ¡Ya ves cuánta diferencia entre unos y otros!  Cambiando de tercio, tío, imagínate que se te aparece Dios, no en forma de zarza ardiendo, sino de vitrocerámica al rojo, por ejemplo… y  te ofrece  la oportunidad de ser:
A)     Un escritor de éxito: te forrarás y tus libros se venderán en supermercados y grandes almacenes, como si fuesen rosquillas.
B)      Un escritor de culto: morirás pobre, pero tu obra será eterna
¿Con cuál te quedas?

—¿Por qué en forma de vitrocerámica ardiendo? Jaja. Si se me apareciese Dios esperaría algo más psicodélico y relajante. Prefiero vender millones de libros. Que le den a la eternidad. Sé que nadie se acordará de mí cuando estire la pata. Mientras tanto, a vivir lo mejor que se pueda. Y a ti ¿qué te impulsó, no a escribir historias, sino a mostrarlas al público? ¿Algo de ese ego que nos atribuyen a los que somos más o menos escritores?

—Yo siempre cuento que escribir es, ante todo, un hobby. Hay quien hace punto de cruz, rellena autodefinidos o sudokus, se dedica a la papiroflexia… en mi tiempo libre me gusta sentarme frente a la pantalla y aporrear teclas. Algo de ego sí que se tiene, se reconozca o no, Vidal. El momento más crítico es ese en el que se traspasa el velo íntimo de lo que has escrito y lo enseñas a alguien para que lo valore, y durante el tiempo de su lectura, absolutamente todos los cimientos de la historia que has escrito se tambalean más o menos en función de la opinión que recibes. Y para tragar hiel también hay que valer, Vidal, jejeje… somos de otra pasta. Volviendo al tema de la lectura, a veces tengo la sensación de que la gente, en general, lee poco… o lee menos. ¿Por qué crees que estamos viviendo esta crisis literaria, Vidal?

—No estamos viviendo una crisis literaria, sino cultural. Nuestro país tiene un nivel de conciencia social, cultural y de respeto hacia los demás que solo es superada por debajo por Haití, creo. No es una cuestión coyuntural, sino que viene de siglos atrás. Si alguien se entera de que escribes relatos piensa que eres un esnob o un pijo, y de leer lo que escribes ¡ni hablar!, demasiado esfuerzo. Y no estoy hablando de un tópico, sino de situaciones reales vividas. El día que escriba mis memorias más de uno se va a cabrear. Tendré que usar nombre ficticios, pero aún así… ¿A ti no te ha pasado que alguien de tu entorno te mire “de esa manera” cuando se entera de que escribes relatos o novelas?

—Jajajaja… por supuesto. Hay quien te mira como diciendo “¿tú? ¿escritor?... pero… ¿escritor de escribir?”. Afortunadamente casi toda la gente de mi entorno sabe que tengo esta inquietud desde pequeñito, y ya me miran con condescendencia o resignación, ya me entiendes. Y luego están los que te miran como si estuvieses completamente loco… Por supuesto están los dos extremos: el que te mira con admiración, como si estuvieses cerca de ganar el Nobel de Literatura, … y el que lo hace con cierta envidia o inquina, que de todo hay. Son cosas inherentes a esta vocación. Por cierto, defíneme qué características tiene que tener un escritor, para que te cautive…

—No  me gusta la prosa muy recargada. Lo que yo disfruto es de una historia con tensión, de esas que hacen que siempre quieras leer un capítulo más aunque al día siguiente lo lamentes cuando suena el despertador? Tú, que eres del gremio ¿piensas que es más importante la forma que el fondo? Y no me vengas con eso de que un poco de todo, equilibrio, etc. Deja a un lado la filosofía moderada y sorpréndenos.

—Es fundamental tener una historia que contar. De nada sirven las florituras si después de 100 páginas lo que estás leyendo “no te llega” o no te “provoca” sensaciones (buenas o malas, ojo). Pero claro… una gran historia contada de manera simple es como servir un vino de 12000 euros en un vaso de plástico. Estará rico… pero has perdido la oportunidad de ensalzar las virtudes del producto. Por eso, y ya sé que estoy diciendo precisamente lo que no querías, lo ideal es el equilibrio. Pero si me tengo que decantar, prefiero mejores fondos que formas. Y esto es algo que se echa en falta en los nuevos autores, por llamarlo de alguna manera… este “boom” de famosillos metidos a escritores… ¿a quién hace más daño? ¿Al lector? ¿A los escritores noveles? ¿A la cultura, en general?

—Yo no creo que perjudique al lector. El que lee de forma habitual no consume ese tipo de basura. La cultura tampoco se ve perjudicada, ese fenómeno se debe a la caja tonta y ha calado en nuestra forma de ser igual que en otros países. La cultura es otra cosa que no tiene nada que ver con la oleada de libros “escritos” por payasetes televisivos. Piensa que, paradójicamente, la mayoría de la gente que compra esos libros no los lee, o al menos no los acaba. A los autores sí que los perjudica, porque el dinero que la gente gasta en comprar ese tipo de libros lo escatima de adquirir verdadera literatura. Si además tenemos en cuenta cómo está el patio pues sí, yo diría que los autores noveles ya no tenemos nada que hacer. Lo que no puedo decirte es si en otros países (como, por ejemplo, los de habla anglosajona) un escritor novel recibe más atención que aquí. ¿Tú cómo lo ves? 

— Yo pienso que, por desgracia, estamos en un tiempo, una etapa, que va a durar muchos años. La política editorial se ha vuelto estrictamente economicista, y prima vender por encima de todas las cosas. No es algo nuevo, ni que vaya a acabar en breve. De hecho creo que es una tendencia que puede abarcar a varias generaciones de escritores. Por eso se prefiere, ya no un famoso, sino un “famosillo” para que publique un libro y facilite las ventas, antes que arriesgarse con alguien nuevo y desconocido. Y aunque es un mal extendido en todo el mundo (incluso en ese mundo anglosajón, donde el amarillismo vende como rosquillas), sí que es verdad que España ha entrado en una dinámica de desplome cultural al que no se le ve fondo.
Ya que estamos, venga, tío, mójate… ¿cuál es el tu Premio fetiche y por qué? ¿Qué Certamen te gustaría ganar? No te cortes… ¿Planeta, Nadal, Biblioteca Breve, …Minotauro, quizás?

—¿Esa es una pregunta trampa? Si te soy sincero, siempre he pensado que los premios “grandes” son meras maniobras de marketing y que están asignados con mucha (pero mucha) antelación. Vamos, que solo se trata de promocionar ciertos escritores o novelas. Una vez estuve a punto de presentarme al Minotauro, pero las condiciones me parecieron abusivas y abandoné la idea. A mi nivel, te diré que había dos antologías a las que tenía muchas ganas, más que nada porque me parecían inalcanzables, cada una por motivos diferentes. Una de ellas era Hislibris, porque yo soy autor de misterio, suspense y terror más que de histórico. La otra era Calabazas en el Trastero porque se trata de una publicación muy endogámica, suelen elegir autores de su círculo o del foro que administran los mismos editores. Ambas las conseguí el año pasado. Y por si fuera poco también logré mi sueño de publicar una novela sin recurrir a la autoedición. De momento (solo de momento) no he subido el listón. ¿Tú crees que es importante ganar premios para darte a conocer? ¿No es mejor escribir una novela que encuentre apoyo de una gran editorial? Ya sabes, lo del padrino y el bautizo…. 

— Lo ideal sería que una gran editorial (o mediana) te apoye, sin lugar a dudas. El problema está en que, como dije antes, mientras seas un perfecto desconocido nadie te va a hacer ni puñetero caso. Y ahí es donde entra el tema de los concursos literarios. Ya no por el tema de ganar dinero con ellos… es un escaparate, una forma de darte a conocer y que alguien, en un caso hipotético y utópico, te “descubra”. No es lo habitual, de hecho pasa pocas veces… pero ha pasado. Basta que haya sucedido una sola vez para que, al menos en lo que a mí respecta, me merezca la pena participar en concursos. Aun así hay que tener los pies en el suelo y ser consciente de que es algo muy complicado, como ganar una lotería. Oye, supongo que compartirás conmigo eso de que un relato es como un hijo. Aun así déjame  que te ponga en un aprieto… ¿de cuál estás más orgulloso y de cuál menos? ¿Y por qué?
                                                                                                                                                            
—Esa es la típica pegunta de ¿a quién quieres más, a tu papá o a tu mamá? Ahora después me dices tú cuál de tus relatos es tu favorito y a cuál de ellos no quieres. Pero no voy a eludir la pregunta. Para empezar, te diré que a medida que pasa el tiempo y voy aprendiendo más mis historias están más planificadas, mejor redondeadas y más llenas de recursos. Quiero decir que los últimos me gustan más que los primeros, quizás porque están más cerca en el tiempo. Sin embargo, hay un par de relatos “antiguos” a los que tengo mucho cariño. En especial, uno titulado “La casa de al lado”, que ganó un concurso de relatos de terror. Mientras lo escribía podía sentir la magia fluyendo. ¿El patito feo? Por decir uno, escogeré uno que escribí para Calabazas en el Trastero Horror Cósmico. Se titula “Invasión” y, efectivamente, era un horror, jajaja. Ahora a ver si eres capaz de igualar la valoración. Venga, a criticar a tus hijitos…

—Me pasa como a ti. Tiendo a valorar más los relatos más recientes que los antiguos, y se debe a que conforme pasa el tiempo, eres consciente de las “taras” de tus primeros escritos. Yo tengo algún relato premiado que, sinceramente, ahora lo leo y lo veo simplón, plano, y casi me da vergüenza confesar su autoría. En ese sentido, por ejemplo, está “La gloria de Arzúa”. Relato nada recomendable, lo admito. De los últimos escritos, para mí el mejor por todo lo que supuso de investigación, ambientación, redacción, etc… es “ La Guerra del Loco”, que ganó el  Premio “Leopoldo de Luis” el año pasado.  Creo que ese relato sí que quedó redondo de principio a fin y estableció una especie de “techo” de calidad que no he vuelto a encontrar (por desgracia) en relatos posteriores. Quizás se deba a que ese relato tuvo mucha preparación previa. Los posteriores han sido más improvisados, y eso se nota.
 La vida del escritor novel es dura (que nos lo digan a nosotros)… ¿a qué aspiras, Vidal? ¿Cuál es tu meta en esto de juntar letras?

—En un principio aspiraba (o quizás lo soñé, ya no me acuerdo muy bien) que quizás podría malvivir escribiendo, mi situación laboral era penosa —y después se puso peor—, pero aquella fantasía ya desapareció. Ahora solo pretendo ir publicando un relato aquí y otro allá, puede que alguna novela de vez en cuando y así ir acumulando una pequeña colección de libros “míos”. A otros se les da mejor ir ganando un poco de pasta, o no tan poco. Cuenta, cuenta, anda, no te hagas el humilde…

—Pues no te creas que se gana mucha pasta, no. Ni para malvivir, siquiera. Hasta la fecha solo he ganado un premio equivalente a un sueldo mensual (que no está mal, no me voy a quejar)… pero la inmensa mayoría te permite pagar el seguro del coche, o la cesta de la compra de un mes… De hecho algunos de los que he ganado han sido premios “no dinerarios”. Ya sabes, un estuche de vino, un fin de semana en un hotel… Realmente tan sólo los certámenes de novela te permitirían vivir (y solo por un tiempo) de la escritura. Si bajamos al peldaño de los relatos, ni te cuento. Como mucho, consigues tirar un par de meses, siendo muy optimista y teniendo la suerte de “enganchar” un par de premios seguidos (lo cual es muy complicado, porque la competencia es altísima). Los concursos te aportan un extra que viene muy bien… pero por si solos, no mantienen tu cuenta corriente en verde. Tan solo mantienen a tu ego.
Bueno, voy pidiendo la cuenta, si te parece. Pero antes cuéntame algo sobre tus proyectos literarios a corto, medio y largo plazo.

—Los últimos meses he estado “retirado”, por decirlo de algún modo, así que ya se han agotado mis asuntos pendientes. Para este año tengo en producción una novela multiaventura, de esas que te dan a elegir seguir por un lado o por otro. La estoy escribiendo con unos compañeros del foro relatospulp.com. También tengo en negociaciones la publicación de una novela propia, Ecos de gente muerta, que verá la luz en otoño, si todo va bien. Además colaboro habitualmente con la revista Vuelo de cuervos, de la que saldrá una antología con un relato mío, y un par de concursos a la vista. Pero aún quedan muchos meses por delante, quien sabe… ¿y tú? ¿Preparas algo especial de lo que merezca la pena enterarse? ;)   

— Proyectos varios, pero como buen piscis que soy, lejos de culminar. Tengo dos novelas empezadas (las dos de misterio) y otras tres pendientes de publicación (no hay manera de encontrar padrino, macho… ya me contarás cómo lo hiciste tú)… así que me lo tomo con filosofía y de momento escribo lo que me apetece y concurso cuando puedo, para matar el gusanillo.

Ha sido genial compartir este ratillo contigo. No todos los días puede uno compartir mesa con un escritor talentoso y prometedor como tú. ¡Un abrazo, compañero!

—Lo mismo digo, Vidal.

Delicioso café y deliciosa conversación la que he mantenido con este magnífico escritor, que ya les adelanto dará que hablar. Si hay entre mis lectores algún representante y/o editor, hágame caso y no deje pasar esta oportunidad. Éxito garantizado.
Vidal Fernández Solano… apunte bien su nombre. Literatura diferente, con sello personalísimo y rica en matices. Una especie en extinción…


Un placer, amigo. Hasta un próximo café.




                                                SOBRE VIDAL FERNÁNDEZ SOLANO:

Vidal Fernández Solano (Madrid, 1969), Licenciado en Económicas, comenzó a escribir relatos ya en su edad adolescente, como un simple entretenimiento. Sin embargo, su afición quedó aparcada durante mucho tiempo. No fue hasta finales de 2011 cuando decidió compartir su obra con el público.
Unos meses después publicó su primer relato en la antología Epic de Tyrannosaurus Books. Participó también en los recopilatorios Bocados Sabrosos 2 y La Parca de Venus, en los libros solidarios Cuentos de Ciudad Esmeralda y El Lenguaje de la Fantasía, en la antología Steampunk-Gaslamp de Planes B, y en las recopilaciones de relatos históricos de Ediciones Rubeo y VI Concurso Hislibris. En septiembre de 2013 se publicó su primera novela, Molobo. Ha participado como jurado y corrector, además de con un relato, en la antología Amanecer Pulp 2014, y ha resultado seleccionado para Calabazas en el Trastero: Steampunk, en la antología de relatos Top Terror, un 2º puesto en el concurso de novela corta de terror Dagón con su novela Ecos de gente muerta y la selección de su relato Fuego de noche, hielo de día en la VII edición de Hislibris. Actualmente colabora de forma asidua con la revista Vuelo de Cuervos y, tras unos meses de parón literario, prepara su vuelta al ruedo con un par de proyectos. Publica algunos de sus relatos en su blog personal




viernes, 8 de mayo de 2015

"NO HAY ENEMIGO PEQUEÑO" (Relato Corto.-2015)





   
                                               

                          Primer Premio en el II Concurso de Relatos "Marbella Activa" 2015.




                                                         Marbella, febrero de 1882.

La humilde comitiva enlutada de apenas diez personas, cruzaba las puertas del cementerio pasado el mediodía, entre sollozos, maldiciones y quejas al Altísimo por haberse llevado prematuramente al bueno de Alvarito.
Encima del carromato tirado cansinamente por un pardo mulo viejo, el pequeño cajón cuadrado de madera guardaba en su interior el inerte cuerpecito de aquel niño de cuatro años que no había podido soportar por más tiempo el castigo de la hambruna, y sin previo aviso abandonó el mundo, quien sabe si en busca de sus dos hermanos menores, Javier y Remedios, que lo hicieran meses atrás en idénticas circunstancias.
Justo atrás del carromato, Virtudes, hecha un mar inconsolable de lágrimas, clamaba al cielo con ira por haberse llevado al tercero de sus hijos en menos de un año. Al lado, su marido Cosme no pronunciaba palabra. Tan solo sus ojos enrojecidos y las mejillas irritadas por el continuo trasiego de lágrimas hasta su mentón, podían dar testimonio de un alma rota, de un corazón muerto por la desesperanza y la congoja.
El resto de acompañantes, eran familia cercana y vecinos que parecían preguntarse, entre miradas esquivas, a quién de entre los presentes tocaría acompañar pronto al camposanto, pues las enfermedades y la desnutrición comenzaban a mellar la salud de todos sin discriminar edades.
Mientras el cajón era introducido lentamente con cordajes en un amplio agujero en la tierra del camposanto, con el monocorde sonido de fondo de una plegaria en latín pronunciada por el sacerdote, Virtudes tomó la mano de su marido, y al momento la notó áspera de tierra; luego la alzó hasta sus labios tratando de consolarlo con un beso. Fue en ese instante cuando percibió el olor a quemado en el puño de su camisa, y contempló los dedos y las uñas tiznadas por el humo de algún fuego.
Temerosa preguntó en un susurro a su marido en qué se había metido, y él contestó con un mohín de amargura en el rostro:
—He dado muerte a sus asesinos.
Virtudes sintió temblar sus piernas y a punto estuvo de desfallecer por la impresión que le produjeron aquellas palabras. Apretó la mano de su marido en la suya, y de nuevo a su oído, exclamó:
—¿Te has vuelto loco, Cosme? ¿Qué has hecho?
—Anoche cogí la maza y me la eché al hombro. He acabado con todos ellos a golpe y fuego.
—Sabes que vendrán a buscarte… ya solo nos tenemos el uno al otro. ¿Y si te llevan a prisión? ¿Y si te dan garrote? ¿Qué haré sola después de todo lo que hemos pasado?
—La muerte de Alvarito, Remedios y Javier debía ser vengada y yo lo he hecho con mis propias manos. Ahora que venga el castigo y si no es así, que sea el propio Dios quien haga justicia cuando en su presencia me vea.
Apenas habían recibido el pésame del sacerdote e iniciaban el penoso regreso a casa, cuando cuatro hombres a caballo interrumpieron el paso de la comitiva. Tres guardias civiles, y al frente de ellos, un caballero de canosa barba, vestido con elegante traje negro. Se descubrió la cabeza en señal de respeto, y a viva voz espetó.
—Cosme… muchos años llevas trabajando en varias de mis fincas, y sabe Dios lo mucho que lamento que hayas tenido que pisar este cementerio para enterrar a tus hijos en solo un año. Pero anoche te vieron huir del fuego… ¿tienes algo que decir?
Cosme miró con fiereza fijamente a los ojos negros del caballero y, apretando los dientes, dio un paso al frente respondiendo:
—Que fueron mis manos las que prendieron la hoguera. Que yo mismo me encargué de arrasarlo todo y si naciera cien veces, cien veces lo haría de nuevo.
—Lo comprendo. Y yo en tu lugar quizás hubiera hecho lo mismo… pero debes entender que hay maneras de hacer justicia, y la tuya debe ser castigada por la Ley. ¡Guardias! ¡Aquí tienen al culpable confeso! ¡Préndanlo!
Cosme no puso impedimento en que los Guardias ataran sus manos a la espalda, todo lo contrario que su esposa, quien forcejeó con ellos zarandeando mangas, arañando piel y gritando clemencia para su marido… agarrándose a él como si fuese el último pedazo de vida que la vinculaba a este mundo.
Pero a pesar de sus súplicas y sus esfuerzos, Cosme le fue arrebatado para introducirlo con grilletes en un penal, donde pagaría largos años por su crimen.


                                                 EPÍLOGO

La noche anterior, ya de madrugada,  bajo un cielo estrellado y con los lejanos ladridos de algún perro callejero como únicos testigos, Cosme tomó su enorme maza de entre las herramientas de trabajo que se guardaban en la finca donde trabajaba desde hacía muchos años, la última que había quedado sana en muchos kilómetros a la redonda, y sin dudarlo un instante se colocó entre las cepas de vid para hacer una hoguera.
Ahogaba su pena besando la boquilla de una botella de vino… del mismo que se elaboraba con la uva de aquellas cepas a las que estaba a punto de destruir.
Tomó una madera prendida, y una a una fue acercando la llama a cada cepa de vid, hasta ver cómo el fuego se extendía y cubría cada una de ellas.
Luego, cuando comprobó que todo el terreno se había convertido en una aterradora suerte de llamas perfectamente alineadas, subió hasta la bomba de riego, y con la maza partió portezuelas, canales y acequias, dejando que el agua inundara con furia la finca hasta convertirla en un pantanal.
Poco después, el fuego apagado enviaba al cielo cientos de columnas de humo, y sobre el agua flotaban millares de diminutos insectos, unos amarillos y otros broncíneos, que habían sido los culpables de infestar todas las cepas de esa y todas las fincas de la provincia de Málaga, llevando a sus trabajadores a la ruina, al desamparo y a la hambruna.
La filoxera había consumido el único sustento de aquellos agricultores, y al cabo de unos años, los expuso, por la falta de dinero y alimentos, a variadas enfermedades provocadas por la desnutrición y a la inanición. La misma que se había llevado la vida de sus hijos Alvarito, Remedios y Javier.
Aquel diminuto insecto, aquel engendro del demonio que a simple vista podía ser aplastado entre dos dedos, fue capaz de arrebatarle su más preciado tesoro y puso  en jaque la vida de numerosos vecinos de la comarca.

Cosme, se había cobrado cumplida venganza, y entre sollozos recordaba las sabias palabras de su difunto padre cuando le advertía de los viles derrotes de la vida  recomendándole cautela, «pues no existe en el mundo… enemigo pequeño».



martes, 5 de mayo de 2015

EL RELATO "PARALELISMOS", SEGUNDO PREMIO EN EL IV CERTAMEN DE RELATOS CORTOS "LA PLAZA DE LA VERDURA", DE UBRIQUE






En la tarde de hoy, se ha comunicado a Alberto Puyana que su relato "Paralelismos" se ha hecho acreedor del Segundo Premio en el IV Certamen de Relatos Cortos "La Plaza de la Verdura" de Ubrique.

La entrega de premios se realizará en el Salón de Actos del Excmo. Ayuntamiento de Ubrique el próximo día 16 de Mayo a las 13h.