viernes, 29 de noviembre de 2013

"LA BESTIA DEL CANTÁBRICO" (relato corto.-2013)



PRIMER PREMIO DEL I CONCURSO INTERNACIONAL "DOYRENSMIC" DE RELATOS FANTÁSTICOS 2013


                                       "LA BESTIA DEL CANTÁBRICO"


A quien pudiera interesar, sirvan las siguientes líneas escritas por Alfonso de Sanz y Barillas, marino de la goleta «Nuestra Señora de los Milagros» que bajo bandera española dedicó su expedición por el Mar Cantábrico a la persecución, localización y captura de la Bestia que asoló las costas de España en el año de Nuestro Señor de mil ochocientos siete.
Habiendo partido el cuatro de junio de dicho año desde el puerto de La Coruña, nuestra expedición compuesta por veintitrés marineros (entre los que se encontraba un servidor) y dirigidos por el Capitán Gonzalo de Beltrán y el Contramaestre Lucio de Coslada, nos dispusimos  a transportar al Profesor Bayona, reconocido experto en bestias marinas del nuestro y otros continentes, en un viaje que habría de durar varios meses y durante el cual recorreríamos de oeste a este y de este a oeste toda la costa norte española desde Galicia hasta Irún y las aguas del Golfo de Vizcaya.
El hundimiento, meses antes,  del mercante «Ciudad de Vigo» frente al Cabo de Peñas, trajo a las playas de Gijón treinta y cinco cadáveres desmembrados y con la carne lacerada de cabeza a pies, un accidente que suponía el número tres desde que empezara el año, si bien este último incidente en concreto era el de mayor número de pérdidas humanas.
Fue así como su majestad Carlos IV de España tomó personalmente cartas en el asunto, ofreciendo una recompensa a quienes pudiesen capturar al animal o criatura responsable de todo aquello. Y doy fe que fueron muchos los desgraciados que se hicieron a la mar con barcazas de todo tipo…y fueron también muchos los que jamás volvieron. Cansado de fracasos, el Rey ordenó al insigne Profesor Bayona dirigir la expedición que resumo en la presente carta.
Durante los primeros días de navegación, fueron avistadas diferentes especies ya conocidas y anodinas para la investigación del Profesor Bayona, como cachalotes, jaquetones y otros grandes peces habituales en la pesca de esta zona que no suponían ningún avance en nuestra empresa y que largo tiempo llenaron de hastío la cubierta del navío en la que todos los marineros, jóvenes, emprendedores y ávidos de aventuras, esperábamos ansiosos el avistamiento de aquella Bestia que veteranos pescadores habían descrito como «criatura salida de las mismas puertas del Averno».
Al amanecer del día dieciséis de junio, tras haber fondeado frente a Santander y hacer tareas comunes de aprovisionamiento de víveres y reparaciones de las jarcias y velamen de nuestra goleta, la expedición partió en dirección noreste hacia la longitud de tres grados en el meridiano de Greenwich, buscando aguas abiertas y con profundidad.
Y he aquí que encontramos una mar calmada, sin oleaje que amenazara las maniobras de navegación, y con un cielo limpio y despejado como un servidor no recuerda en años de pesca por la zona. Estando el sol situado sobre la vertical del cielo, sobrepasado por poco el mediodía, nuestro vigía detecta movimiento de aguas a menos de media milla a estribor. Al poco, la goleta experimenta una sacudida que hace balancearse el casco como si se tratara de una cáscara de nuez y provocando múltiples caídas en cubierta. A la sorpresa inicial, la marinería respondió con comprobada solvencia, asegurando los cordajes y distribuyendo el trabajo con rapidez, bajo las órdenes de un Capitán Beltrán que en todo momento se mostró sereno y decidido. Me asomé por la borda de estribor, comprobando que existían desperfectos en el casco, si bien éstos no suponían un peligro para la flotabilidad del barco…eso sí, fuese lo que fuese aquello que impactó contra la goleta, debía tener unas dimensiones colosales y una fuerza titánica.
Aguardamos en mitad del silencio durante largo tiempo, hasta que el vigía, a voz en grito volvió a llamar la atención de la tripulación, esta vez por babor.
«Dios bendito, qué es eso…», oí musitar al Capitán al oído del Profesor Bayona. Cuando me dirigí a babor, sentí que la sangre se me helaba bajo la piel.
A lo lejos, avanzando a gran velocidad y en dirección a la goleta, sobre la superficie del mar se recortaba la negruzca silueta de un lomo de grandes dimensiones. No, no se trataba de una ballena…todos habíamos sido enrolados en balleneros hacía tiempo y aquello no tenía aspecto de ser nada que hubiésemos visto antes…la piel de aquella criatura parecía agrietada, escamosa, y justo encima del lomo se apreciaba una especie de cresta parecida a la de algún reptil. La velocidad del animal era muy superior al de cualquier pez que hubiese visto antes y su intención no daba lugar a dudas: pretendía impactar contra el barco de nuevo.
El caos se apoderó de la tripulación, y todo el orden y disciplina que hasta entonces habíamos mostrado se hizo añicos…algún marinero, víctima de la histeria, se lanzó de cabeza al agua y comenzó a nadar Dios sabe hacia dónde…
Yo entrelacé mi brazo derecho a un cabo del palo mayor, y me abracé al mismo esperando el impacto. Cuando éste se produjo, parecía que el mismo Neptuno había partido en dos el navío. Sentí zozobrar la nave y volcar casi al completo, cayendo la mayoría de los marineros al agua. En cuestión de segundos la goleta se iba a pique, hundiendo sus tablones en las frías aguas del Cantábrico, mientras los marineros nadaban alejándose del pecio y buscando con la mirada, completamente aterrorizados, la oscura presencia de aquella especie de serpiente marina gigante que había hundido nuestro navío con la facilidad que un crío hunde una piedra en las olas.
Sobreviví flotando sobre unas tablas, viendo como poco a poco cada uno de mis compañeros de viaje era sumergido entre alaridos para desaparecer en las profundidades del mar. Fui el único que puede contarlo, y no puedo dar explicación de por qué aquella Bestia me dejó con vida, aunque intuyo que quizás necesitaba alguien que diera testimonio y advirtiera a la humanidad de que el Cantábrico tiene dueño…y no permitirá jamás que el hombre se apropie de él.

Ficha técnica:
      Concurso: I Concurso Internacional "DoyrensMic" de Relatos Fantásticos.
      Organizador: Club Doyrens
      Lugar: Web Club Doyrens.

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jueves, 28 de noviembre de 2013

PRIMER PREMIO EN EL I CONCURSO INTERNACIONAL "DOYRENSMIC" DE RELATOS FANTÁSTICOS



El Club literario Doyrens, implantado en varios países castellanohablantes, ha anunciado en la mañana de hoy que Alberto Puyana se ha convertido en el ganador de su I Concurso Literario DoyrensMic de Relatos Fantásticos con el relato "La Bestia del Cantábrico", entre los 117 relatos presentados procedentes de todo el mundo.
El premio supone además la publicación de dicho relato en la antología que, sobre el citado concurso, se editará en los próximos meses.
Este premio supone el quinto primer premio del escritor gaditano en lo que llevamos de año, destacando estos dos últimos meses en los que el autor ha "cosechado" dos primeros premios y un segundo.
En próximas fechas pondremos a disposición del lector de este blog, el texto completo galardonado.

domingo, 3 de noviembre de 2013

"LA TEMBLOROSA MANO DE FRANKIE" (relato corto.-2013)





PRIMER PREMIO DEL XII CONCURSO LITERARIO DE RELATOS "VILLA DE COLMENAREJO" 2013                                       

                                        «LA TEMBLOROSA MANO DE FRANKIE»

Frankie Sullivan nunca imaginaría que aquella fría mañana de 1929 vería pasar a la mismísima muerte por delante de sus ojos. Se levantó como siempre, mucho antes de las seis de la mañana.
En plena oscuridad, palpó con las manos la superficie de la mesita de noche hasta localizar sus gafas, y se las colocó con delicadeza. Luego echó un leve vistazo a la abultada forma que su esposa Rose dejaba a su derecha, sobre el colchón de su cama, y tratando de no hacer ruido se sentó en el borde mientras la punta de sus pies buscaban con impaciencia la abertura de sus zapatillas de andar por casa.

Caminó a tientas, en la penumbra de la alcoba, y tras encontrar casi por instinto el pomo de la puerta del dormitorio, lo giró con sumo cuidado tratando de evitar el ligero chirriar que provocaba su movimiento.
Al otro lado del largo y estrecho pasillo que se abría ante él, unas pequeñas y rápidas pisadas se acercaban con velocidad hasta Frankie.
¡Ssshhh! ¡Vamos, Sparky…despertarás a Rose!

Y seguidamente se agachó para acariciar al pequeño caniche que balanceaba la cola en respuesta al contacto con la mano de su amo, y que no dejó de acompañarle hasta que llegaron a la puerta del cuarto del baño.
Frankie encendió la luz y se acercó al lavabo, en cuyo borde apoyó ambas manos mientras inspeccionaba con atención el reflejo ante sí. Estaba viejo. Los años no habían pasado en balde y el condenado clima de Chicago tampoco es que fuera una ayuda para evitar la aparición de esos achaques que, desde hacía un tiempo, se instalaron en su enjuto cuerpo sin intención de abandonarlo en lo que le quedaba de vida. Decenas de arrugas surcaban su frente y su rostro…flanqueaban sus ojos, nacían alrededor de su nariz y, rodeando la comisura de sus labios, se precipitaban hasta el mentón, dejando una profunda marca que, junto con su nariz aguileña, endurecían su aspecto.
¿Cuánto tiempo más aguantaría su salud esos madrugones? El invierno estaba siendo muy crudo en aquella zona del país y la ciudad se vestía con un bellísimo manto blanco de nieve casi a diario, que no hacía más que martirizar las articulaciones y huesos del viejo Frankie.

«Quizás debería cerrar ya la barbería», se dijo mientras giraba el grifo, dejando escapar un hilo de agua prácticamente helada. Ese pensamiento acompañaba a Frankie todos los días desde hacía años… pero la delicada salud de su esposa Rose lo obligaban a marchar temprano y abrir ese pequeño negocio que precisamente ahora, en la vejez, se había convertido en el sustento de su hogar. Por primera vez en mucho tiempo, Frankie Sullivan era respetado en la ciudad y una auténtica legión de clientes poblaba la acera casi a diario esperando la oportunidad de que el viejo barbero les hiciese uno de sus conocidos cortes de pelo y afeitados.
Así que había muchos motivos para descartar la idea de cerrar el negocio…al menos en una buena temporada.
Si el bueno de Frankie hubiese sabido lo que ocurriría horas después…con seguridad habría cambiado de opinión.

                                                                    II

«…y hasta aquí las noticias de nuestro boletín informativo de las diez de la mañana. Les dejamos con Duke Ellington y su Orquesta interpretando I must have that man; se despide de ustedes hasta el próximo boletín, Ralph Wood para la WMAQ-AM de Chicago…¡Feliz día de San Valentín!».

El viejo Frankie se ajustó las gafas sobre la nariz y secó el sudor de su frente con el dorso de la mano izquierda, mientras tomaba con la derecha la hoja recién afilada con la que iba a afeitar a su inesperado cliente.
Hacía media hora que ese señor de mediana estatura, traje impecable, facciones duras y sonrisa amable, había colgado su abrigo y su sombrero en el perchero situado junto a la entrada de la barbería, y luego dio órdenes a sus dos robustos acompañantes (también impecablemente vestidos), para que cerraran a cal y canto las puertas del local sin dar más explicaciones.
Después se dejó caer en el asiento, y pidió un corte de pelo ligero junto con un afeitado pulcro y rápido porque tenía mucha prisa.

No había sido difícil reconocer su rostro. Prácticamente a diario, Chicago desayunaba viendo en las portadas de sus periódicos las fotos de gente como su cliente: George «Bugs» Moran.
Sobradamente conocida era la leyenda negra que precedía a este personaje, que no sólo controlaba la zona norte de la ciudad tras la caída de O’Banion, sino que sus arrebatos violentos y su visceralidad rayana en la locura, hacían de él un cliente poco deseable para un negocio humilde pero próspero que Frankie había tardado años en asentar en la Ciudad del Viento… y que ahora veía pender de un hilo.
¿Qué intenciones traía el Sr. Moran? Quizás le había llegado la hora de pagar, como antes lo había hecho George Stackton, el dueño del restaurante de al lado.

Tras un sencillo corte de pelo, el barbero se disponía a afeitar a su cliente. Con cuidado enjabonó generosamente el rostro de Moran empezando desde la mejilla izquierda hasta llegar a la mandíbula.
Frankie, no paraba de sudar, tenía la boca seca y sentía los latidos de su corazón en la garganta.
—¿Se te ha comido la lengua el gato, Frankie? —Bromeó Bugs, mientras sus dos acompañantes respondían con sonoras risotadas— Tranquilo, amigo. Solo quiero un afeitado de esos que te han hecho tan famoso en el barrio. ¿Sabes por qué he venido a tu barbería y no a otra, Frankie?
—N-no…se-señor Moran. —respondió temiendo una primera amenaza velada, preludio de una extorsión que le podría acompañar hasta el fin de sus días.
—He venido aquí… —dijo Bugs levantando la voz para que sus acompañantes también fueran partícipes de su argumentación—… porque debemos ayudarnos unos a otros. ¿Verdad Frankie?
—Claro, Señor…
—Y más aun cuando no somos de Chicago… ¿no es cierto?... ¿es verdad que vienes de Minnesota, Frankie?
—Cierto, S-señor…vine a Illinois en 1910.
—¡Magnífico!... ¿Sabes que yo también soy de Minnesota? ¡De St. Paul! ¿y tú de qué ciudad eres, amigo?
—M-Min…Mineápolis, S-señor.
—Razón de más para que nos ayudemos, Frankie… fíjate bien… «dos viejos amigos» de Minnesota juntos en esta barbería de Chicago… ¿No te parece fantástica la coincidencia? —añadió Bugs Moran con una luminosa y enorme sonrisa.

Antes de que el barbero pudiera responder, borró la sonrisa de su cara y espetó con semblante severo:
—¿A qué esperas para afeitarme, viejo?

Frankie se acercó al gangster enarbolando en su temblorosa mano derecha la hoja de afeitar, y este lo sujetó con violencia por la muñeca, mirándolo fijamente a los ojos.
—Escúchame bien, amigo. Esos tipos que están sentados ahí detrás están armados y tienen muy malas pulgas. Más te vale no hacerme ni un solo corte, o tendré que rebanarte la mano para que no hagas daño a ningún cliente más.

El sudor empapaba la camisa de Frankie, cuyo labio inferior empezaba a temblar. De repente el gesto amenazante de Bugs Moran se transformó en una colosal sonrisa a la que siguió una sucesión de histriónicas carcajadas que de nuevo fueron respondidas por sus dos compañeros.
—¿Habéis visto su cara? —comentaba con chanza.

Frankie inspiró profundamente, intentando obviar el sonido de las risas de los presentes para centrarse en su trabajo y tratar de calmar sus nervios. Invitó a su cliente a ladear ligeramente la cara, mientras apoyaba el filo de su hoja en la mejilla de Moran.
Por unos segundos se quedó paralizado sin atreverse a deslizarla… estaba seguro de que ese temblor de manos terminaría por provocarle una herida profunda, y no dejaba de imaginar lo calamitoso que podría ser para su negocio, y para su propia integridad física el más mínimo rasguño que pudiera ocasionar al capo de la zona norte de Chicago… debía calmarse.

Tomó de nuevo aire, una bocanada que se le antojó caliente, asfixiante, y en ese momento Bugs Moran retomó el diálogo con tono cordial.
—Perdona que te haya interrumpido, amigo. ¿No te importa que hablemos mientras me afeitas? ¿No?...Bien… en realidad quería proponerte un negocio, Frankie de Mineápolis.
El barbero deslizó grácilmente la hoja arrastrando a su paso jabón y barba. Luego la secó en el mandil que llevaba puesto y mucho más tranquilo, respondió aun temiendo la proposición que iba a recibir.
—¿Qué tipo de negocio, Señor Moran?
—¿Cuánto tiempo llevas con este local, amigo? —preguntó Bugs animando a Frankie con un gesto de manos a seguir afeitándolo.
—Pues…unos quince años, Señor.
—Corren tiempos muy difíciles, Frankie de Mineápolis… Capone se hace fuerte y muchos negocios son atacados por los miembros de su banda… no tienen escrúpulos. ¿Crees que se detendrán a pensar en los años que llevas trabajando sin descanso para que tu barbería salga a flote?... ¡Nooo!…. Romperán los cristales de tu escaparate, y prenderán fuego a los muebles y la moqueta. Frankie… necesitas protección…mi protección. Tan solo tienes que darme una cantidad simbólica para poder pagar a tipos como esos dos de atrás, para que a nadie se le ocurra ponerte un puto dedo encima.
—Gracias, Señor Moran… pero con este negocio no gano mucho. ¿De cuánto dinero estaríamos hablando?
—Del veinticinco por ciento de lo que recaudes semanalmente. Creo que es un buen precio… ¡si es que quieres ver tu negocio en pie muchos años, claro!... tu decides libremente.

«¿Libremente?», pensó Frankie. Estaba en un callejón sin salida. Sabía que a Bugs Moran no le faltaba razón. Tarde o temprano, hombres de Capone o del propio Moran, se presentarían en las puertas de su negocio exigiendo un pago a cambio de no destrozarlo.
Los grandes capos basaban sus negocios en la venta ilegal de alcohol, pero no desaprovechaban la oportunidad de alcanzar con sus tentáculos otros negocios prósperos… incluso su humilde barbería (de clientela fiel y a veces distinguida) era un plato apetecible para cualquiera de las bandas de Chicago, por pequeño que pudiera parecer ese trozo de pastel. Capone y Moran se estaban repartiendo la ciudad en una carrera frenética por controlarlo absolutamente todo.
Pero Frankie no solo pensaba en el futuro de su negocio: su vida corría el mismo riesgo si no accedía a pagar lo propuesto por Bugs Moran. No tenía elección.
—Me parece bien, Señor…acepto su oferta.
—¡Muy bien, Frankie de Mineápolis! —respondió Bugs dando sonoras palmadas en la espalda del barbero.- Y ahora date prisa, llego tarde. ¿A qué hora teníamos que estar descargando, chicos?
—A las diez y media —respondió uno de ellos— Pero allí ya deben estar James, Adam y los demás.
—Sabéis que no me gusta llegar tarde a estas cosas… —añadió mirando su reloj de pulsera nerviosamente— ¡no llegamos! ¡Frankie! ¡Date prisa, maldita sea! ¿Es que tengo que darte una patada en el culo para que tardes menos?

El viejo barbero volvió a apoyar la hoja de afeitar, esta vez en la mejilla derecha de Bugs y notó que el temblor en su mano regresaba de forma más aparatosa que antes.
Tragó saliva. Las lentes de sus gafas se empañaron y las gotas de sudor recorrieron su afilada nariz hasta llegar a la punta, manteniéndose en perfecto equilibrio unos segundos, para precipitarse finalmente contra la moqueta del suelo.
—¡¡Aprisa!! ¡¡Aprisa!! —vociferó Moran.

Frankie deslizó de nuevo la hoja, aunque esta vez sintió que se quedaba clavada en la piel, y la sangre brotaba de la herida.
Moran lo apartó con el brazo haciéndole perder pie y caer de nalgas en el suelo.
—¡Maldito viejo! —exclamó mientras se tapaba la herida en su mejilla con la palma de la mano.

Automáticamente, los dos guardaespaldas de Bugs se levantaron casi al unísono y se acercaron hasta donde estaba el barbero, que levantaba sus brazos pidiendo clemencia.
Frankie sintió como sus pantalones se empapaban de orina mientras retrocedía hacia una de las paredes buscando un refugio que resultaba a todas luces absurdo. Luego se cubrió la cabeza con los brazos, y gritó:
—¡Piedad, piedad! Mi mujer está mayor y enferma… me necesita. Llevaos lo que queráis del local, destrozadlo si queréis… ¡pero no me matéis!
—No hay tiempo chicos —dijo Moran mientras se secaba los restos de jabón del rostro y presionaba con su mano sobre la herida— ¡Vámonos!
Antes de salir por la puerta Bugs se giró y gritó a Frankie mientras le apuntaba con el dedo índice…
—…y tú viejo… si aprecias tu vida no te muevas de aquí. Volveremos dentro de un rato. Cierra el maldito local y espérame ahí sentado. Tenemos que ajustar cuentas.

Y tras dar un portazo, Moran y sus dos hombres desaparecieron.

                                                             III

En la vetusta barbería de Frankie tan solo se escuchaban sus sollozos mezclados con la música de la radio que en ese momento emitía West end Blues de King Oliver.
De repente, su anodina vida había dado un giro dramático y no acertaba a adivinar qué tipo de castigo le tendría reservado Bugs Moran por haberle proporcionado un corte que quizás le dejara una cicatriz de recuerdo para toda la vida.
Por un momento pensó en huir. Abandonar el local, ir a casa para tomar a Rose de la mano y meter en unas maletas lo mínimo imprescindible para desaparecer de Chicago…de aquel maldito infierno que tenía secuestrados a sus habitantes bajo la violencia, la extorsión y la codicia; donde la ley era violada casi a diario y el orden se vulneraba en cada esquina, sin distinguir credos, razas, o condicionantes sociales.

La capital de Illinois se había convertido en un campo de batalla donde los comerciantes eran tomados como rehenes de un sistema en el que la policía y la judicatura eran corrompibles…no había esperanza alguna. Moran y Capone, Capone y Moran…ellos eran los auténticos amos de la ciudad.
Pero no había tiempo para escapar a ningún lado. Y aunque así lo hiciera, nada le aseguraba que estuviera a salvo de que algún pistolero bien pagado por Moran le acechara para descerrajarle un disparo cualquier día, de cualquier año…en cualquier lugar, incluso más allá de Illinois. El poder de los capos de Chicago se extendía por el mapa de los Estados Unidos desde la costa este hasta la oeste…como una plaga de langostas, acabando con todo lo que encontraban a su paso e implantando nuevas normas y deberes a las comunidades que tomaban.
Escapar, pues, se antojaba inútil.
Por si fuera poco, el pánico atenazaba sus músculos y se veía incapaz de dar un solo paso fuera de la barbería, así que finalmente se limitó a echar las cortinas y mostrar el cartel de «Cerrado» en el cristal de su puerta.
Se sentó en una banqueta y esperó temblando a que ésta se abriera de nuevo. Tras una hora eterna, el sonido ambiente se detuvo súbitamente.

«Interrumpimos la programación matinal para dar un boletín urgente. Según fuentes policiales de Chicago, hace menos de una hora se ha producido un tiroteo en el 2122 de North Clark, en el que han fallecido siete conocidos miembros de la banda de George «Bugs» Moran. La Policía de Chicago no duda que se trata de un nuevo ajuste de cuentas entre bandas del norte y el sur de la ciudad. Nos han confirmado que Moran no se encontraba entre los fallecidos en el tiroteo, aunque sin duda este duro golpe, puede inclinar la balanza de la guerra de bandas en las calles. Seguiremos informando. Ralph Wood, para la WMAQ-AM, de Chicago»

Casi a la par que concluía el boletín informativo, la puerta de la barbería se abría dando paso a Bugs Moran que se presentaba lívido, sudoroso, y con gesto serio. Su exagerada y brillante sonrisa se había borrado de su rostro, y miraba casi sin parpadear al barbero.
—Me hiciste llegar tarde, Frankie…
—Lo siento, Señor Moran —respondió balbuceando mientras las lágrimas inundaban sus ojos.
—No, viejo... no lo entiendes ¡Me has salvado la vida!
—¿C-cómo?
—Toma —dijo dejándole un enorme fajo de billetes sobre una mesita—…cómprale un buen abrigo de pieles a tu mujer, collares de perlas y anillos… llévala al teatro, invítala a cenar… o simplemente coge el dinero y vete de aquí, Frankie. Es mi manera de agradecerte lo que has hecho.

Bugs Moran dio media vuelta y salió de nuevo de la barbería, aunque esta vez no con un portazo.
Frankie se levantó lentamente, tomó el fajo de billetes en sus manos y pensó en la infinidad de cosas que podría hacer con esa cantidad de dinero.
Regalos, caprichos, coches caros, restaurantes exclusivos, fiestas importantes y galas benéficas junto con la alta sociedad de la ciudad…todo aquello que se le había negado a lo largo de los años, por un golpe del destino se hacía posible, minutos después de escapar de una muerte segura a manos de uno de los capos más peligrosos del país.
Frankie templó sus nervios y borró de su mente las ideas más frívolas, centrándose en (como había sugerido el propio Moran) huir de Chicago…volver a Mineápolis.
Comprarse una granja a las afueras y cuidar de sus patos y gallinas, o ver el atardecer a orillas del Mississippi, con el sedal de una caña sumergida en sus aguas, y olfatear a lo lejos el riquísimo aroma de las tartas de arándanos de su adorada Rose.

Pero después de echar un vistazo a esa vieja barbería que había sido su vida los últimos años, no tuvo la más mínima duda de la forma en que lo emplearía: tenía suficiente dinero para pagarle a Capone el dinero que le pidiese como «cuota» cuando llegara el momento y vivir tranquilo los pocos años que le quedaban de barbero.
Y no le quedaba la menor duda…ni fiestas, ni coches, ni restaurantes…ni granjas junto al Mississippi. Para ser feliz solo necesitaba a Rose y su barbería: eran el triángulo perfecto.
Así que guardó el fajo con mimo dentro de una vieja lata de jabón vacía que guardaba en un estante, y aguardó paciente durante meses a que Al Capone llamara a su puerta.
Y sin ninguna duda, fue el dinero mejor empleado de toda su vida.


Ficha Técnica:
      Concurso: XII Concurso Literario de Relatos "Villa de Colmenarejo", categoría Adultos.
      Organizador: Excmo, Ayuntamiento de Colmenarejo.
      Lugar: Colmenarejo, Madrid, ESPAÑA.

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martes, 22 de octubre de 2013

PRIMER PREMIO EN EL XII CONCURSO LITERARIO DE RELATOS "VILLA DE COLMENAREJO"



A lo largo de esta tarde se hacía público el veredicto del Jurado del XII Concurso Literario de Relatos "Villa de Colmenarejo" organizado por el Excmo. Ayuntamiento de la localidad madrileña.
Tras su deliberación, se decidió otorgar el Primer Premio a Alberto Puyana por su relato "La temblorosa mano de Frankie", quedando expuesto el veredicto en el Tablón de Anuncios de la Corporación.
Este galardón supone el cuarto primer premio en lo que llevamos de año, y se suma al recientemente concedido en Puerto Real (un segundo premio) hace apenas un par de semanas, cerrándose un mes de octubre realmente productivo.
La entrega del premio tendrá lugar este mismo sábado en la Sala Multiusos de Colmenarejo, durante los actos organizados para la Feria del Libro 2013; en dicho acto, además de homenajear al ganador, se procederá a la lectura pública del relato.



jueves, 10 de octubre de 2013

ENTREVISTA EN LA REVISTA "ENE" DE ENFERMERÍA SOBRE LA NOVELA "EL PRETICANTE"


                                          Portada

Recuperamos para el blog la entrevista realizada por Andoni Carrión  para la revista ENE de enfermería en agosto de 2012, en la que se dialogaba a lo largo de un par de páginas sobre la entonces recién estrenada novela satírica "El Preticante".


Carrión-Jiménez A. Entrevista a Alberto Puyana, autor de El Preticante. 
ENE. Revista de Enfermería. Ago. 2012; 6(2):89-91 

Alberto Puyana es un tipo particular. Por su negra melena rizada y su perilla, propia del seguidor de Metallica que es, nadie diría que, además de enfermero, Alberto es un escritor con dos libros publicados. 
Nadie pensaría que el primero es un poemario llamado “La Cautiva Esperanza” y el segundo, y que motiva esta entrevista, una novela satírica sobre la realidad asistencial que se vive en hospital comarcal cualquiera de nuestro maltrecho sistema sanitario. Y todo esto siendo enfermero, algo que no es muy frecuente. 
Disponible en internet a través de la página oficial de Bubok o de alguna de sus librerías asociadas tanto en formato papel o formato ebook y ahora también disponible en Amazon, El Preticante, que así es como se llama la novela, cuenta en tono autocrítico y satírico todas las vivencias que un paciente puede vivir cuando ingresa en un hospital. 
Pero no es una novela de humor sin más, sino que, a través de las vivencias de Paco Penas, el paciente protagonista de la novela, Alberto hace una sutil crítica a muchas de las pequeñas cosas que se hacen mal sin que los que trabajamos en un hospital seamos conscientes de ello. 

Por eso y antes de nada, Alberto, podrías decirnos ¿porqué decidiste ser enfermero? 
Alberto: Pues en realidad siempre pensé en estudiar algo de la rama sanitaria. No sé si a eso se le puede llamar “vocación”, pero sí que es verdad que desde niño eso de curar y cuidar a los demás me llamaba la atención. La enfermería se me metió por vena ya siendo adolescente. Lo tenía bastante claro.

Aunque muchos no lo sabrán, la novela nace un blog previo del mismo nombre, pero ¿Por qué decidiste abrir un blog? 
Alberto: Sobre todo me motivó el desconocimiento general de la sociedad en general sobre lo que significa “hacer enfermería”. Eso, unido a la situación en la que trabajamos diariamente (estrés, sobrecarga de trabajo, amenazas...), me animó a intentar mostrar al público nuestro trabajo y en qué condiciones se realiza. También pretendí aprovechar para enseñar a mis colegas los malos vicios y costumbres que tenemos, de los
que a veces no somos conscientes.

Pero si ya tenías un blog ¿Cómo se te ocurrió la idea de convertirlo en novela? 
Alberto: Hubo un momento determinado en que el seguimiento del blog (al menos de forma interna, en el hospital donde trabajo) era importante, y dos compañeros de Medicina Interna me animaron a que hiciera una “recopilación” de las historias que contaba, que lo hiciera novela. Al principio me pareció una coña, pero cuando vi que me lo decían en serio, decidí ponerme en ello, a ver que salía…y aquí estamos.

Y una vez que la novela está en el mercado, y casi 100 ejemplares vendidos (según Bubok) ¿Qué esperas con esta novela? 
Alberto: Espero hacer pasar ratos divertidos, buenos momentos. No soy ambicioso, no pretendo ganarme la vida así (¡ojalá pudiera, todo sea dicho!), pero en esta novela no hay mayor ambición que provocar risas…y si de paso remuevo conciencias, pues mucho mejor.

Después de no sé cuantos post publicados y una novela en el mismo ambiente ¿De dónde sacas a tantos personajes y tantas anécdotas? 
Alberto: Aunque todos los personajes de la historia son ficticios, lógicamente muchos salen del trabajo diario aunque se les ha añadido con una importante dosis de exageración en sus peculiaridades para hacerlos más novelescos. Al final, seguro que en casi todos los hospitales de España hay alguien identificable con personajes del libro como el Dr. Carapalo, la limpiadora que canta, Basilio o el internista de guardia Ruiz Bacinete.

Confieso que el Dr. Ruiz Bacinete es mi personaje favorito; imagino que tú también tendrás algún 
personaje favorito, mójate un poco y dinos cuál es tu personaje preferido. 
Alberto: Entiendo que el lector en general tenga un aprecio especial por el “Chori”, a pesar de ser un cabroncete (o precisamente por eso). Pero lógicamente, hablar de El “Preticante” es hablar de Paco Penas. De hecho, ya en nuestra planta se identifica a algunos enfermos como…”este es otro Paco Penas”. Esto me divierte y me da mucha satisfacción, para qué negarlo.

Bueno, y después de la experiencia ¿Harías una segunda parte? 
Alberto: ¡Jamás! Han sido dos años tremendos de trabajo, no sólo de redacción, sino de montaje, maquetación…he corregido cinco veces el libro… ¡cinco veces que he tenido que leerlo de principio a fin! Aunque sarna con gusto no pica, es mi hobby, y no puedo decir “de esta agua no beberé”. Si surgiera la posibilidad (y las ganas), quizás me lo plantearía, pero lógicamente sería muy diferente a la primera parte.

Pero escribir es algo que sale, no me puedo creer que no vayas a seguir escribiendo. ¿Seguro que te gustaría escribir alguna otra cosa, no? 
Alberto: Sí, por supuesto. Como te digo, no lo hago para ganarme la vida, es ante todo un hobby. Me gusta escribir. De hecho ya estoy escribiendo una nueva novela, que espero terminar antes de que acabe el año. Muy posiblemente lo haga con un tema totalmente diferente. Aunque me he estrenado en el género humorístico, me gustan otros géneros literarios. Y esta nueva es de suspense…nada de hospitales. También
es bueno desconectar un poco de lo mismo, ¿no?

Pero incluso con la novela el blog sigue vivo y sigues contando historias ¿De donde sacas la inspiración para seguir contando historias nuevas cada vez? 
Alberto: El día a día. Trabajar en una unidad de Medicina Interna es una inspiración contínua, y más en un hospital comarcal como el nuestro, te lo aseguro.

El blog nace en 2008 y la novela en 2012, coincidiendo con una época de crisis también en la sanidad. Aunque puede ser casualidad, cuando lee el libro comprueba que también hay una crítica de estos tiempos.
Alberto: Al menos, eso espero. Sin esa parte ácida, crítica, sarcástica, donde se muestran las miserias de nuestra sanidad en todos los ámbitos, El “Preticante” no sería lo mismo. Si mediante la novela puedo ayudar a movilizar la “conciencia social” sobre el lujo de sanidad que disfrutamos, y que nos estamos cargando poco a poco…pues lógicamente, mucho mejor.

Por lo anterior, podemos intuir que mientras escribías la novela has analizado al sistema sanitario ¿Cómo ves el papel de la enfermería de hoy en día? 
Alberto: Francamente, la veo algo perdida o desubicada. Hemos llegado a un punto en que parece que no sabemos dónde queremos ir o qué queremos hacer. Hay una parte del colectivo que parece feliz quedándose donde está, y otra parte que no nos conformamos con lo hecho hasta ahora y mostramos más inquietudes. Yo personalmente creo que la enfermería debería ser más dinámica y menos estática. Si queremos admirar lo hecho anteriormente, mejor nos vamos a un museo a ver estatuas de piedra.
Lo nuestro siempre ha sido evolución, y no debemos perder esa seña de identidad.

Y en términos generales, si pudieras cambiar algo de la sanidad pública actual, ¿qué sería? 
Alberto: Sin duda alguna cambiaría la gestión, sobre todo a los gestores. Disfrutamos de unas plantillas de profesionales altamente cualificados, posiblemente los más preparados de la historia, y lo que está llevando al traste a nuestra sanidad es la irresponsabilidad de tres o cuatro…no hay más.

No podemos terminar más que dando las gracias a Alberto, por el tiempo dedicado a esta entrevista, por hacernos reír y a la vez hacernos pensar con las rocambolescas e hilarantes vivencias del pobre Paco Penas. 




sábado, 28 de septiembre de 2013

EL RELATO "NADIE SE ACUERDA DE ELLOS", SEGUNDO PREMIO EN EL I CERTAMEN LITERARIO DE RELATOS SOLIDARIOS DE PUERTO REAL


Según informaba ayer en rueda de prensa la Delegación de Cooperación y Solidaridad del Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real (Cádiz), Alberto Puyana ha sido galardonado con el segundo premio en el I Certamen Literario de Relatos Solidarios organizado por dicha delegación.
Alberto Puyana participaba con el relato "Nadie se acuerda de ellos", que en opinión del jurado fue merecedor de dicho galardón.
El primer premio recayó en el escritor gaditano Eduardo Formanti Llorens, reconocido miembro del Ateneo de Cádiz, al que felicitamos desde estas líneas.
El tercero, fue para el escritor madrileño Alberto de Frutos.

martes, 17 de septiembre de 2013

"EL ABRAZO" (relato corto.-2013)









PRIMER PREMIO del IV CONCURSO DE RELATOS CORTOS "MIL CAMINOS" del mes de agosto de 2013.


                                                                     "EL ABRAZO"


Fernando nunca fue un tipo especialmente creyente, ni aun cuando la fortuna quiso que en aquel accidente de coche en la nacional trescientos cuarenta, a la altura de Tarifa, perdieran la vida cuatro de los cinco ocupantes del automóvil…solo él salió increíblemente ileso de aquella docena de vueltas de campana que culminaron en una trampa mortal de metal y combustible a un lado de la cuneta.
Fue su madre, una entrañable señora que mezclaba la fe y la devoción con brotes de superchería popular, la que le aconsejó cuando pasaron unos prudenciales meses…

—Hijo …fue un milagro…una señal del Señor. Deberías agradecerlo de alguna manera.

Y la verdad es que Fernando no dejaba de pensar que quizás no le faltaba razón a su madre …pero claro… ¿cómo agradecer algo a alguien en quien no crees?

Quién sabe si fue por pura superstición, ganas de agradar a Doña Encarnación o simplemente porque su amigo Gonzalo le planteó la peregrinación a Santiago como una aventura que mezclaba lo espiritual con el afán de superación y la camaradería, donde el paisaje era, no un mero acompañamiento visual, sino un protagonista más.
El caso es que, casi sin darse cuenta, Fernando se vio tomando el cayado en su mano derecha, con la mochila a su espalda y sobre ésta, la vieira.

Comenzó el camino en Sarria, con la mente enmarañada de recuerdos oscuros y obtusos, rabia, impotencia, melancolía…todo a partes iguales. Y a medida que avanzaba en dirección a Santiago y su caminar era más cansino, notaba como en su interior crecía la quejumbrosa necesidad de desahogar su alma, de gritar a los cuatro vientos que, a pesar de sentirse pleno y afortunado por haber salvado la vida meses antes…aquello no había sido justo; no fue justo para Álvaro, que a sus 25 años, prometía ser un excelente cirujano; no lo fue para Isaac, que acababa de experimentar la indescriptible sensación de la paternidad hacía tres meses; no fue justo para Luis y su humor contagioso, siempre dispuesto a levantar el ánimo de todos ellos; y tampoco fue justo para Jero, el más joven de todos, porque a los veinte años nadie debería morir.

Aquella soterrada amargura le comprimía el pecho, anidaba en su garganta como si fuese una buitrera y aguijoneaba con saña cualquier atisbo de fortaleza interna, algo que se hizo patente con el paso de las jornadas y los kilómetros en sus fatigadas piernas.

A poco más de media jornada para llegar a Santiago, Fernando paró sus pasos y, haciéndose a un lado del Camino, se sentó y sollozó abrazado a sus rodillas como un crío. Lloró por la crueldad de la vida y los caprichos del destino, lloró porque quizás le hubiese gustado emprender esa aventura no solo con Gonzalo, sino con el resto de sus amigos caídos. Lloró frustrado por sentirse nada en la inmensidad de todo.

Gonzalo lo contempló pacientemente, y cuando se hubo cerciorado de que no cabían más lágrimas en las mejillas de su amigo, posó su mano sobre el hombro de Fernando y le dijo.

—Amigo…tu camino no acabó en aquella maldita curva. Quien sabe cómo ni por qué, hoy estás aquí, conmigo…y hay mucha gente que necesita que te levantes y continúes tu vida…que acabes de andar el sendero y llegues a tu “particular” abrazo al Apóstol. Si quieres quédate aquí…yo te he acompañado hasta ahora, pero mi camino sigue. Tu decides…o continuas, o te quedas. Te espero en Santiago.

Y dicho esto, Gonzalo se levantó y siguió adelante sin mirar atrás. Fernando permaneció una hora más allí, sin parar de llorar, hasta que por fin enjugó sus lágrimas y, alzando la mirada hacia un cielo gris pero limpio y fresco, decidió terminar lo que había comenzado. Pasaron horas hasta que sus pies pisaron Santiago, y allí, frente a la monumental fachada del Obradoiro, aguardaba un Gonzalo sonriente y con los brazos abiertos.
Aquel fue un abrazo de esperanza…un abrazo de despedida a un Fernando, que a su vez renacía de nuevo en ese mismo gesto.
Las lágrimas entonces, no fueron amargas. Jamás había sentido la dulzura de un triunfo como el que había logrado al llegar a su destino dejando atrás una vida amputada, sintiendo como su alma había sido purgada a lo largo de todos esos días, paso a paso, recodo a recodo.
Luego vendría el tradicional abrazo al Apóstol. Pero para entonces, Fernando ya era consciente de que, nuevamente, se había abrazado a la vida.


Ficha técnica: 
Concurso: IV edición del Concurso de Relatos "Mil Caminos".
Organizador: Bodegas Martín Códax.
Lugar: Cambados (Pontevedra). España.


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viernes, 19 de abril de 2013

"EL PRETICANTE", FINALISTA DEL V PREMIO DE CREACIÓN LITERARIA "BUBOK" 2013




El pasado 16 de abril, Bubok Publishing anunciaba el veredicto del jurado del V Premio de Creación Literaria 2013, al que han concurrido casi un centenar de obras.
Entre los diez últimos seleccionados finales, se encontraba "El Preticante" de Alberto Puyana, siendo la lista de finalistas la siguiente:

- Historias de la España triste de José Manuel López Muñoz.
- Cuadernos hallados en un psiquiátrico japonés de Jorge Juan Repollés.
- La pequeña Mary Royl de Javier Dale.
- Resucitó durante 15 segundos de Zacarías Dala.
- ¡Un día en la oficina! de Apolonio Feo.
- El "Preticante" de Alberto Puyana.
- La senda del despertar de Javier Gil.
- 1017 cuentos, que se dice pronto de Alberto Ramos.
- Viaje desde El jardín de las delicias de Luis Carlos Lapuente.
- Bolas de naftalina de Javier González.


La obra de José Manuel López Muñoz, "Historias de la España triste", fue finalmente declarada ganadora del presente certamen, y desde estas líneas enviamos nuestra más sincera enhorabuena.


sábado, 30 de marzo de 2013

"PENSARÁS QUE ME HE VUELTO LOCO" (Carta de Amor.-2013)




PRIMER PREMIO en el I CONCURSO DE CARTAS DE AMOR "HOLIDAY RURAL" 2013


"PENSARÁS QUE ME HE VUELTO LOCO..."


Querida mía:
Pensarás que me he vuelto loco al escribirte estas líneas. Loco, sí. Realmente algo loco sí que estoy, ya no me quedan dudas. Y no tengo dudas porque esta locura me atrapó hace mucho tiempo, quizás tú ni lo recuerdes. Solías bajar con tu hermana a la Plaza Mayor a hacer la compra de tu madre, «la viuda Consuelo»… ¡pánico me daba tan sólo pensar en la severidad de su mirada! Todos los chicos del barrio sentíamos pavor imaginando el momento de presentarnos en tu casa y solicitar el permiso correspondiente para poder dar una vuelta por el parque… sin embargo a mí me compensaba más la posibilidad de compartir contigo unas palabras. Me enamoró la sencillez de tu espíritu, la franqueza de tus palabras…ese caminar armónico, decidido y a la vez liviano que provocaba que todo varón volviera la cabeza a tu paso para contemplar la magia que emitía el sonido de los tacones de tus zapatos al posarse sobre el suelo empedrado de las calles… parecía una melodía divina, cautivadora, capaz de someter a cualquiera que lo oyera al mayor de los encantamientos.
¡Cuántos suspiros levantaba «la niña de la viuda Consuelo»! ¡Cuántos mozos quedaron con el corazón roto cuando me vieron pasear a tu lado! Caí como la mosca en la telaraña, lo reconozco. Loco, sí. No dudo que estoy loco. Como el día que empleé todo el jornal de un mes en comprarte aquél reluciente anillo que luciste ufana y orgullosa durante el año que precedió nuestra boda. Nunca te separaste de él, e incluso ahora, en las circunstancias que nos tocan vivir, siempre has procurado que ese anillo luciera en tu mano junto con la alianza de oro. No le rebajaste jamás importancia…me atrevería a decir que para ti siempre tuvo más valor que el de casados. Y luego vinieron los niños: cuatro soles que iluminaron nuestra vida desde sus primeros pasitos. Y esos domingos de primavera paseando por la alameda…tú agarrada a mi brazo, apoyando delicadamente la cabeza sobre mi hombro. Noches de verbenas de barrio, veladas de verano en las que nos mezclábamos con la gente del pueblo y compartíamos alegría mientras nuestros cuatro ángeles jugaban, crecían y se nos iban de casa uno a uno, para intentar cumplir sus sueños. Pensarás que estoy loco por escribirte estas líneas, cuando apenas me separan dos metros de ti. Te veo en esa mecedora vieja y chirriante con una manta sobre el regazo, y me cuesta trabajo distinguir a aquella pizpireta muchacha de quince años entre los pliegues de tu piel apergaminada. Tus delicados dedos con los que en otro tiempo me acariciaste, ahora se han hinchado, se han torcido…han perdido vida a golpe de años. Tus ojos claros se ocultan ahora tras un par de cristales, que no han sido capaces de restarle belleza. Cuando me miras a los ojos, siento chispear tus pupilas con la misma pasión de cuando éramos jóvenes… ¿quizás recuerdas quién soy? Loco, sí. No dudo que estoy loco .Por pensar que serás capaz de leer estas líneas, por imaginar que podrás siquiera entender lo que te cuento, ahora que tu mente decidió cerrarse, ahora que los años han velado tu pensamiento en forma de profundo olvido. Te observo, te sonrío…y tú me devuelves la sonrisa aunque intuyo que lo haces simplemente como reflejo. Acaricio tu cara, y noto como te sonrojas con el roce de mi piel, como si fueras aún una colegiala que vibra al sentir el cosquilleo del primer amor…aquel primer amor de la Plaza Mayor que quedó atrás en el tiempo. Sigo tomando tus manos entre las mías cada atardecer, soñando que en algún momento despertarás de un mal sueño para volver a decirme que me amas y que he sido el hombre de tu vida. Loco, sí. Quizás estoy loco…y prefiero seguir loco, pero a tu lado. Pase lo que pase, venga lo que venga…porque sigo enamorado de ti a pesar de que tú no me reconozcas.
Quizás estoy loco, vida mía.
Quizás no quiera dejar de estarlo.
                                                                        Tuyo, para siempre…



Ficha Técnica:
    Concurso:  I Concurso de Cartas de Amor "Holiday Rural"
    Organizador:  Holiday Rural y Asociación Malagueña de Escritores
    Lugar: Málaga. ESPAÑA
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jueves, 28 de marzo de 2013

"LA GLORIA DE ARZÚA" (relato corto.-2012)






PRIMER PREMIO en el III CONCURSO DE RELATOS CORTOS "MIL CAMINOS" del mes de Diciembre de 2012.



 "LA GLORIA DE ARZÚA"

«Ni un paso más», se dijo.
El calvario que llevaba a cuestas su fatigado cuerpo ya había sido más que suficiente, y lo que Daniel no estaba dispuesto por nada del mundo era a entregarse a un martirio innecesario.
Dejó la pesada mochila a un lado, y se sentó en una gran piedra a un lado del camino. Desató cuidadosamente la bota de senderismo que, ingenuamente, se había comprado completamente nueva dos meses atrás, y que ahora era la responsable de su vía crucis personal.
Cuando logró retirar a duras penas el calzado, su pie izquierdo rezumaba calor y humedad. En la punta del calcetín se marcaban dos claras manchas pardas donde Daniel reconoció el lugar en que aparecieron sus primeras ampollas…que al cabo de dos días ya fueron dolorosas llagas.
De nada sirvieron los baños de inmersión en agua fría al finalizar cada jornada, ni los parches de hidrocoloides que un amigo del hospital le había facilitado y que, supuestamente, eran geniales para ese tipo de heridas.
Tampoco sirvió de nada almohadillarse el pie izquierdo con gasas y esparadrapo. Por el contrario, lo único que conseguía aliviar eran las dos primeras horas de camino, porque cuando dicho almohadillado perdía su función, Daniel observaba que su pie se hinchaba aún más.
Al quitarse el calcetín, la imagen era realmente dantesca. Las gasas estaban completamente empapadas con una mezcla de sudor y sangre, que goteaba continuamente en el suelo.
¿Por qué había llegado hasta allí? ¿Qué lo había empujado a estar en mitad del monte coruñés, con serias heridas en los dedos y plantas de ambos pies?
Ni él mismo podía explicárselo. Lo que se inició como una aventura pseudo deportiva con los amigos, se había convertido con el paso de los kilómetros en una prueba de superación personal, en un descubrimiento de sí mismo en su faceta más espiritual, donde nada del mundo terrenal puede desviar tus sentidos: únicamente monte, camino y arboleda.
Esa misma mañana, en Palas de Rei, ya se había dado cuenta de que sus pies no podían caminar.
No era una cuestión muscular (afortunadamente, su preparación física era bastante buena), sino una inconsciencia por su parte al haber confiado en un calzado excesivamente nuevo y poco trabajado.
Pensaba que su piel era resistente, pero no. Sentía los latidos del corazón en cada una de las llagas, y sólo sentía alivio con el contacto del aire, o el frescor del agua.
Aun así, se puso en marcha esa mañana y trazó un “plan de objetivos del día” que fue cumpliendo plazo a plazo.
Su primer objetivo fue salir de Palas de Rei. Después, andar al menos cinco kilómetros.
Al poco tiempo vio pintado en un muro el número de teléfono de un taxi, y se convenció a sí mismo de seguir adelante: siempre podría llamarlo y fin de la aventura.
Su siguiente objetivo entonces, fue culminar los cien kilómetros necesarios para obtener la Compostela en Santiago…después su meta fue cruzar la frontera que separa la provincia de Lugo de A Coruña por la aldea de O Coto…más tarde, alcanzar el primer pueblo coruñés importante (Melide) y cruzar su famoso puente medieval…y por último llegar hasta el albergue, del que tan sólo le separaban escasos kilómetros.
No le quedaba más que una hora de camino para cumplir su última meta.
Pero el empuje de su ánimo, ese que le había ayudado a conseguir poco a poco todos los objetivos del día programados, también lo habían arrojado a un lugar perdido en el monte que conducía hasta Arzúa, alejado de la carretera (y por tanto, de la salvadora llegada de un taxi) y además sin cobertura telefónica para poder avisar a Protección Civil, Guardia Civil, Bomberos, guardas forestales, Ejército de Tierra,…lo que fuera que pudiera rescatarlo.
«Cuatro kilómetros…no son más que cuatro kilómetros», se repetía a sí mismo Daniel, con lágrimas de rabia e impotencia en sus ojos.
No había una motivación especial para haber iniciado esa aventura. No tenía que agradecer nada a Dios, no tenía que cumplir promesa alguna, nadie lo esperaría en Santiago.
Pero fue precisamente eso, lo que lo mantenía firme. Llegó sin «nada»…y había descubierto a un Daniel que desconocía, precisamente cuando el camino empezaba a causar estragos en pies, mente y moral.
Un peregrino de mediana edad pasó frente a él…detuvo su caminar y le preguntó:
—¿Estás bien?...
Era obvio que no…aun así, Daniel negó con la cabeza y secó con cierta vergüenza sus lágrimas.
El peregrino añadió:
—A veces…parece que todo va en tu contra. Aparecen dificultades…una detrás de otra. El Camino de Santiago, no es más que una metáfora de la Vida, amigo. Y cuando estás ahí, sentado, sangrado por tus heridas…te das cuenta que sólo tienes una opción: levantarte y seguir el camino…aunque duela. ¡Ánimo, amigo! Ya queda menos… ¡Buen Camino!
—¡Buen Camino! —respondió Daniel.
Mientras veía alejarse la figura del peregrino, recordó una frase que leyó pintada en el muro de una vieja casa, en la misma linde de la calzada:
«Cuando el camino se hace duro, los duros caminan».
Cerró los ojos e inspiró profundamente el frío aire hasta hinchar sus pulmones. Lenta y penosamente se calzó de nuevo, a punto de gritar de dolor.
Se puso en pie y decidió que esos últimos kilómetros también habrían de aportarle algo, además de sufrimiento. Si los superaba, se sentiría capaz de acometer cualquier empresa en la vida, por dura que fuera.
Inició un dubitativo caminar, que se transformó en clara cojera…pero le daba igual. Seguramente Daniel se rendiría sin remedio alguna vez, pero ese momento no había llegado aún. No en aquel punto perdido del monte coruñés.
Al terminar el día, puso sus castigados pies sobre el suelo de Arzúa, y tuvo por fin el firme convencimiento de que podría afrontar cualquier tipo de reto sin temor al fracaso o el sufrimiento por el resto de su vida. Jamás le abandonaría el coraje.
Sin buscarlo, Daniel había encontrado su particular «por qué» del Camino.


Ficha Técnica:
   Concurso: III Edición del Concurso de Relatos Cortos "Mil Caminos"
   Organizador:  Bodegas Martín Códax.
   Lugar:  Cambados (Pontevedra). ESPAÑA
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