jueves, 10 de diciembre de 2015

ÉXITO DE CONVOCATORIA EN LA ENTREGA DE PREMIOS DEL CERTAMEN "MANUEL VIDRIÉ" DE TORRELAGUNA




El pasado sábado 28 de noviembre, se celebraba el acto de entrega de premios del VI Certamen Literario Taurino "Manuel Vidrié", organizado por la Peña Taurina de Torrelaguna (Madrid) en la Casa de la Cultura de la misma localidad, y que coincidió con la presentación del libro-antología que recoge los cinco primeros premios de las ediciones anteriores.
El salón de actos presentó una considerable asistencia, completando más  de medio aforo del mismo.
En la mesa de presentación habilitada para la ocasión, tomaron parte D. Ramón Rodríguez (Presidente de la Peña), D. Eduardo Burgos (Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Torrelaguna), Gabriel Camero (ganador de la III edición del certamen, y co-autor de la antología) y los galardonados de la edición 2015, Alberto Puyana en la categoría de adultos y Miguel González en categoría juvenil.
El acto fue dirigido por Pedro Sáiz, periodista taurino, que entrevistó a todos los participantes en dicha mesa en una ceremonia que resultó cercana, familiar y de un indudable cariño hacia los galardonados, que después disfrutarían de un ágape en la misma Casa de la Cultura, y una posterior Cena de Gala donde compartieron mesa y mantel con el resto de peñistas y autoridades locales.

Este galardón, supone el quinto primer premio del total de nueve conseguidos por Alberto Puyana en lo que va de 2015,

miércoles, 25 de noviembre de 2015

ALBERTO PUYANA, 2º ACCÉSIT EN EL "CASA DE JAÉN", EN CÓRDOBA





En la mañana de hoy se ha dado a conocer que el VI Concurso Literario de relatos breves "Casa de Jaén" de Córdoba, ha galardonado con el 2º Accésit a Alberto Puyana.
El primer premio ha recaído en el almeriense Fernando Martínez, y el 1º Accésit en el jerezano Juan Manuel Sainz Peña en un certamen que, según la propia organización, "ha gozado de un nivel artístico muy alto".

La entrega de premios tendrá lugar en la sede de la entidad entre los meses de febrero y marzo del próximo año.


sábado, 14 de noviembre de 2015

ALBERTO PUYANA, GANADOR DEL VI CERTAMEN LITERARIO TAURINO INTERNACIONAL "MANUEL VIDRIÉ"




A las 18:30h de la tarde de ayer se reunía el jurado del VI Certamen Literario Taurino Internacional "Manuel Vidrié" de la localidad de Torrelaguna (Madrid), para anunciar que el relato "El rey de espadas y copas" de Alberto Puyana, había sido elegido como ganador de la presente edición 2015.

La entrega del premio se llevará a cabo el próximo 28 de noviembre a las 18:30h, en la sede de la Peña Taurina "Manuel Vidrié" de Torrelaguna, durante el transcurso de una de las jornadas de "Aperitivos Taurinos" organizados por la entidad, y en la que se presentará la antología que reúne a los cinco relatos ganadores en anteriores ediciones.

Con este galardón Alberto Puyana supera sus mejores cifras en un año, alcanzando en el presente un total de 8 premios, de los cuales 5 han sido como ganador absoluto.

martes, 6 de octubre de 2015

ACCÉSIT EN EL XIII CERTAMEN DE RELATO CORTO "GUILLERMO GONZÁLEZ" DE RIBADESELLA




La Asociación Cultural Amigos de Ribadesella, comunicó el pasado día 3 de octubre que el Jurado del Premio de  Relato Corto de esta Asociación, reunido a las 12,00h en la sede social del Hórreo y constituido por Dña. Inés Álvarez Ríos, como presidente y D. Manuel Herrero Montoto y D. Ramón Molleda González vocales, siendo el secretario el de la Asociación, acordó conceder el Primer Premio a Carlos Fernández Salinas, natural de Gijón, y el Accésit al gaditano Alberto Puyana.
En la presente edición han tomado parte 25 relatos provenientes de las siguientes comunidades: Asturias,(8) Madrid,(8) La Rioja y Castilla/León (2),Castilla/ la Mancha, Andalucía, Valencia, Aragón  y Cantabria(1).
El  Premio, se entregara a finales de Octubre  en la Casa de Cultura de Ribadesella, en fecha que se comunicará oportunamente por la Organización.
Con este galardón Alberto Puyana acumula, en lo que lleva de año, un total de siete premios: cuatro primeros, un segundo y dos accésit.

martes, 8 de septiembre de 2015

"VENCER O MORIR" (Relato Corto.- 2015)

                                                


                                                          «VENCER O MORIR»

       PRIMER PREMIO DEL XV CERTAMEN DE NARRATIVA "ENRIQUE ORIZAOLA"



                                                                                                 19 de junio de 1938.
                                                                                    Estadio Olímpico de Columbes, París.

El grueso de jugadores de la selección italiana de fútbol, permanecía cabizbajo en el vestuario sin intercambiar palabras, ni tan siquiera alguna épica arenga, de esas que te hacen saltar al césped ya con un gol a favor en tu marcador en el terreno psicológico.
Muy al contrario y pese a lo que pudiese parecer en vísperas de una final del Mundial de Fútbol, alguno temblaba de miedo, otros sollozaban con las manos cubriendo sus rostros e incluso los más jóvenes, vomitaban producto de la presión a la que llevaban sometidos desde el principio del campeonato.
Y es que desde la distancia, Benito Mussolini se había encargado por activa y por pasiva de utilizar a la selección azzurra como propaganda del régimen fascista, obligándolos a vestir completamente de negro en los cuartos de final ante la anfitriona Francia y sus sesenta mil espectadores, que acogieron con insultos, silbidos y amenazas, el saludo brazo en alto de los once jugadores italianos.
No contento con semejante provocación, a pocos minutos de que Italia se enfrentase en el último y definitivo partido del campeonato a Hungría, un telegrama procedente de Roma llegaba hasta el vestuario transalpino con tres palabras escuetas, directas y de significado inequívoco:

                                                       «Vincere o morire»

Aquellos bravos deportistas se enfrentaban al reto de sus vidas: ganar la Copa Jules Rimé, o por el contrario, regresar a Italia y ser puestos frente a un pelotón de fusilamiento por la demencia de un líder ególatra y desalmado. Y esa última vuelta de tuerca, había sido demasiado.
Hasta el vestuario se filtraban los gritos de ánimo de la hinchada, claramente posicionada del lado húngaro por cuestiones políticas, y los once de la azzurra no podían permanecer ajenos a lo que llegaba hasta sus oídos. Se encontraban en territorio enemigo, lejos del apoyo de los suyos, de sus familias, sus amigos...
Vicenzo Pozzo, el entrenador, derrotado y sin argumentos, se mesaba los cabellos tratando de encontrar un resquicio por el que escapar y hacer escapar a los suyos, mientras el reloj, inexorable, anunciaba diez minutos para el comienzo del partido.
—¡Escapemos! —Exclamó Pietro Rava poniéndose en pie de un salto— El gobierno francés nos ofreció asilo político hace unos días. Aceptemos el trato y hagamos vida en Francia, lejos del Duce y el fascismo.
Todos permanecieron en silencio unos segundos, asintiendo con la cabeza como si aquella fuera una buena salida. Instintivamente, las miradas buscaron la figura del capitán, Giuseppe Meazza, el único que permanecía en pie y con los brazos cruzados. Al fin, «Pepino» alzó con elocuencia la voz, dando grandiosidad a su corta estatura.
—Pietro... no podemos hacer eso. No pienses en nosotros. Piensa en nuestras familias. Ellos no tienen la posibilidad de escapar del Duce, y si desertamos ahora los condenamos a una muerte segura. Habrá venganza y represalias.
Gino Colaussi, extremo izquierda chaparro y vigoroso, terminaba de atarse las botas con fuerza. Dentro del vestuario era fácilmente reconocible por su baja estatura, espaldas anchas, piernas musculadas y por una prominente nariz con la que se había ganado el apelativo de «Pinoccio» entre sus compañeros, si bien éstos se cuidaban muy mucho de hacerlo en público, tal era el mal genio que se gastaba Gino ante ese tipo de bromas.
—Pepino tiene razón. No podemos abandonar a los nuestros allí. ¿Serías capaz de comer, reír y beber por tu libertad, aquí en París, mientras en tu pueblo apedrean a la mamma?
—¿Y qué se supone que debemos hacer entonces, capitán? —repuso contrariado Pietro.
Giuseppe Meazza, dio tres cortos pasos hacia la mesa donde descansaba el telegrama. Lo tomó en su mano derecha arrugándolo con rabia para posteriormente arrojarlo hasta una esquina del vestuario y contestar con decisión.
—Haremos lo que dice el telegrama: ganar. Hungría jugará por una copa... nosotros lo haremos por nuestras vidas. No podrán ganarnos a motivación. Serán noventa minutos en los que nadie correrá como nosotros, nadie luchará como nosotros... no habrá balón que se dé por perdido, ni remate al que no lleguemos a tiempo. O ellos, o nosotros. Vencer... o morir. Es el partido de nuestras vidas.
Como si de un evocador salmo se tratase, el efecto de aquellas palabras acabó con los temblores y las náuseas; se enjugaron lágrimas y todos se abrazaron para darse ánimos en el duro trance que se disponían a pasar, aquellos noventa minutos que podían separar la gloria de la muerte.
Fuera del vestuario italiano, cerca de su puerta entornada, una figura escuchaba atento lo que se comentaba en su interior, consciente del drama que se fraguaba entre aquellas frías paredes de baldosas blancas. Había permanecido el tiempo suficiente para oír la última locura del dirigente italiano y su efecto sobre aquellos pobres diablos, que no eran más que deportistas y sin embargo eran tratados como soldados, como avanzadilla de vanguardia y carne de cañón en un frente. Posteriormente, y con el mismo sigilo con el que se acercó a la puerta,  se alejó raudo y con miedo a ser descubierto.
Un par de golpes de nudillos en la puerta del vestuario, segundos después, hacia retornar la gravedad en el gesto de todos. El francés Capdeville, árbitro del partido, en un italiano con marcado acento extranjero, convenía al once titular a saltar al campo.
El desfile de jugadores italianos en fila de a uno por el túnel de vestuario hasta el césped bien pudiese semejarse al que conduce al cadalso. Puños cerrados, miradas perdidas, ojos arrasados... sabor a sangre en las bocas.
Pero la semilla de la lucha por la supervivencia ya había sido sembrada por Meazza en los corazones de sus compañeros que sólo veían una única y plausible salida a aquel absurdo atolladero: la victoria.
La salida al terreno de juego de las dos selecciones fue recibida con una estruendosa ovación, confetti en el aire y ondear de banderas, de uno y otro lado. Entre el público, algún aguerrido tifosi italiano gritaba desaforadamente agitando la tricolor entre insultos y reprimendas del resto de asistentes... la Segunda Gran Guerra se intuía cerca, y sus efectos en aquella grada eran claros y manifiestos. Aquello no era más que un anticipo edulcorado, un  avance disfrazado de deporte.
Meazza a la cabeza de la fila italiana, volvía el rostro a sus compañeros gritando palabras de ánimo, inaudibles y perdidos en el vocerío general.
Los gritos de «Hungria, Hungría...» y en favor de Francia y la democracia, se mezclaban con alguna improvisada interpretación sentida de «La Marsellesa», espoleando el orgullo patrio francés, que aquel día saltaba al césped vistiendo el uniforme húngaro. 
Y así, frente a once jugadores enfundados en la camiseta roja de Hungría y cuarenta y cinco mil gargantas hostiles, comenzó el partido que paralizó el mundo aquel junio del 38.

Comenzaba la primera batalla oficiosa de la Segunda Guerra Mundial.


                                                           II

Ya desde el pitido inicial, se pudo apreciar el ímpetu italiano por cada jugada; apoyados en la creación de juego del centro de campo y liderados magistralmente por el capitán Meazza y por el espigado Piola, las camisetas azules parecían volar más que correr en el verde tapete parisino. Y así, apenas transcurridos los seis primeros minutos de juego, un centro desde la derecha era rematado en el palo contrario por Colaussi sin dejar caer el esférico, con la rabia de quien lucha por su vida. La red se movió con violencia: gol de Italia.
La grada enmudeció al punto de ser perfectamente audibles los gritos de rabia del equipo italiano, que alborozada, se abrazaba a un Gino Colaussi totalmente absorbido por aquella piña humana.
El júbilo apenas duró dos minutos. En la siguiente jugada, aun ebrios de euforia, los despistados defensas italianos dejaron fuera de marca al delantero húngaro Titkos que con un zurdazo violento, envió el balón a la escuadra de la portería italiana sin que el portero Olivieri pudiese hacer nada por evitarlo. El rugido del estadio se escuchó en todo París. Ni tan siquiera cuando era la selección francesa la que jugaba un partido en aquel campeonato, se había oído anteriormente un apoyo semejante Y en Italia, de nuevo las dudas, el desasosiego... el temor.
Meazza, desde el centro del campo aplaudió y espoleó a gritos a los suyos.
—¡Ochenta minutos, muchachos! Esto no ha hecho más que empezar.
Colaussi, a su lado, se subía las medias y sacudía de barro las botas sin decir palabra, a pesar de que las lágrimas de rabia asomaban a sus párpados. De nuevo el balón se ponía en movimiento.
La scuadra azzurra ahuyentaba nervios y, dejándose llevar por el control y distribución de juego de sus centrocampistas, impuso una clara superioridad técnica. El partido aumentó en intensidad, y los encontronazos físicos se sucedían por una parte y otra. 
Diez minutos después del empate, Silvio Piola recogía el balón en el punto de penalti del área húngara tras una serie de certeras paredes, y con la diestra lo colocaba suavemente junto al palo derecho del guardameta Antal Szabó, perforando su portería y adelantando en el marcador de nuevo a Italia. De nuevo el silencio en el estadio, roto tan solo por unos pocos y temerarios seguidores italianos, y los propios jugadores azzurros.
Giuseppe Meazza sabía que ya nunca perderían la iniciativa de aquel partido. Le bastó cruzar la mirada con sus compañeros para concluir que no estaban dispuestos a dejar sus jóvenes vidas en un muro romano, acribillados a balazos. No, si estaba en su mano. La guerra se reanudó sobre el césped en forma de codazos, empujones, patadas a destiempo y un sinfín de miradas retadoras. Los húngaros no daban su brazo a torcer, y venderían cara la derrota si es que ésta llegaba.
A diez minutos del descanso, el veloz Colaussi se hizo con un balón en mediocampo e inició una poderosa internada por la banda izquierda. Un defensa húngaro trató de entorpecerle quedando prácticamente enganchado a su espalda con los brazos, pero no... Nadie puede detener al instinto de supervivencia. Gino Colaussi  desprendiéndose del adversario como quien se sacude una mota de polvo de los hombros, se adentró en el área y ante la salida de Szabó, cruzó el esférico al palo largo, fuera del alcance del portero. El marcador señalaba 3-1 a favor de Italia, y el banquillo transalpino estalló liberando tensiones, con abrazos, puños al cielo y unas lágrimas de rabia contenidas que contrastaban con la animadversión del graderío, los insultos y gestos despectivos con que el público francés premiaba su victoria momentánea.
El francés Capdeville señaló el final del primer tiempo y los italianos más que correr, huyeron al vestuario desoyendo el ensordecedor griterío que los difamaba y acusaba de asesinos y fascistas, bajo una lluvia de objetos.
En el vestuario transalpino los gritos de júbilo, abrazos y cánticos se oían a distancia. Algunos bailaban abrazados dando saltos como si la copa dorada ya estuviese camino de Roma. El único jugador que permanecía serio era el capitán, que secamente cortó el jolgorio.
—¡Esto no ha acabado! —Vociferó Meazza de nuevo, casi perdido en un improvisado corrillo en el vestuario— No deis por derrotada a Hungría, ya visteis cómo se las gastan. Van a morir en el campo. Así que olvidaos del Duce, olvidaos de Italia... ¡esto lo hacemos por nosotros!
El resto de la selección italiana respondió a la arenga con un ininteligible grito, mezcla de rabia, angustia y desaforada convicción.
Al reanudarse el partido nada había cambiado. Los húngaros trataban de imponer su juego, pero los italianos, con oficio, maniataban una y otra vez las maniobras de ataque. Con inteligencia, Meazza y los suyos dejaban que el tiempo transcurriera, haciendo un juego pragmático, y sobre todo cubriendo bien las espaldas de su defensa. El equipo magiar solo consiguió burlar la defensa contraria a veinte minutos del final, cuando el delantero Sárosi remató a placer un centro desde la banda derecha, acortando distancias en el marcador.
Afloraron los nervios, se agudizó la tensión... el público bramaba de nuevo. Querían presenciar la derrota de Mussolini, ansiaban su humillación a través de la derrota de los entonces campeones del mundo, en suelo francés... en un país manifiestamente enemigo.
Los italianos, sin dejarse acomplejar por el ambiente, colocaron el balón en el centro del campo e iniciaron de nuevo el juego.
—¡Veinte minutos, muchachos! —Insistió casi al borde de la afonía el capitán Meazza— ¡Si hay que morir, que sea en el campo!
De nuevo los dientes se apretaron, se cerraron los puños y el gesto se crispó. Veinte minutos para ganar una copa y evitar la muerte.
El cancerbero italiano, Aldo Olivieri, evitó en dos ocasiones el empate con agilidad y colocación, e inició una jugada en el minuto ochenta y dos que llevaría el balón hasta la banda derecha del ataque azzurro. Un centro medido al punto de penalti y de nuevo Piola enganchaba el esférico impulsándolo con violencia al fondo de la portería de Szabó, por su palo derecho.
Los italianos corrían alborozados y se abrazaban apiñados dentro del área húngara en medio del silencio general. Solo quedaba aguantar el marcador ocho minutos, y el sueño sería realidad.
Aquellos ocho minutos fueron los más largos en la vida de un Giuseppe Meazza que se desgañitaba dando órdenes a los suyos y tranquilizando a los jóvenes, tirando de galones y experiencia.
El pitido final de Capdeville convertía de nuevo a Italia en campeona del mundo.
Nada importaba. Ni la Copa Jules Rimé, ni ser bicampeones del mundo, ni la alegría del Duce, ni la decepción de Paris, ni el llanto húngaro...
Los brazos se alzaban al cielo, unos reclamando la gloria, otros simplemente agradeciendo al Altísimo su ayuda. Exhaustos, victoriosos y en un mar de lágrimas, Italia volvía a levantar la Copa del Mundo frente a una nube de fotógrafos que llevarían aquella instantánea a todos los rincones del planeta.

Los jugadores italianos no habían ganado el Mundial... se habían ganado la vida.


                                                       EPÍLOGO

En el vestuario húngaro las caras largas y la decepción campaban a sus anchas. Una generación de deportistas única,  llamada a la gloria de ser campeona del mundo, se volvería de vacío a Budapest, aplastada por la incontestable fe en la victoria de los italianos.
Botas esparcidas por el suelo, trozos de barro y césped desperdigados, toallas y camisetas rojas arrojadas al banco con la furia de quien se siente vencido en la oportunidad más grande que le brinda la vida... aquella que nunca más volverá.
De nada servían las palabras de ánimo de los dos entrenadores. Eran huecas, vacías, simples sonidos sin corazón que no atemperaban la profunda tristeza que atenaza el alma del vencido.
Podrían venir nuevas ocasiones. Futuros días de gloria que endulzaran sinsabores y recompensaran el esfuerzo realizado. Pero aquella ocasión en concreto, la de junio de 1938 ya no volvería. Tenía dueño italiano.
Ahora el fascismo haría bandera de aquella victoria en campo enemigo, para insuflar fuerzas a su causa y demostrar la superioridad de la que tanto presumían. El horizonte de guerra era un hecho para todos, y aquella primera batalla, en la que los uniformes eran de colores vivos, y el único proyectil un balón de fútbol, había proclamado vencedor al infame.
El desconsolado llanto general solo encontraba su contrapunto en Antal Szabó, el portero, que al contrario que sus compañeros, esbozaba una tímida y nada disimulada sonrisa que llamó la atención del defensa Sandor Biro, que vino a sentarse junto a él. Para Antal aquello no había sido más que una contienda puramente deportiva, ajena a los tintes políticos que la prensa mundial se había empeñado en otorgarle. Un choque entre dos equipos de deportistas sin más ambición que ganar... y reunirse con sus familias antes de que estallase la Guerra.
—¿Por qué sonríes, Antal? —le preguntó Sandor extrañado y con los ojos completamente enrojecidos.
Szabó inspiró profundamente y, apoyando su mano en el hombro del bravo defensa  le contestó en un susurro, recordando lo que había oído antes del partido, escondido junto a la puerta del vestuario italiano:

—Amigo, porque me han metido cuatro goles... pero se han salvado las primeras once vidas.




viernes, 4 de septiembre de 2015

PRIMER PREMIO EN EL XV CERTAMEN DE NARRATIVA "ENRIQUE ORIZAOLA"



Alberto Puyana se ha convertido en el ganador del XV Certamen de Narrativa "Enrique Orizaola" de Córdoba, organizado por la revista digital Minuto 90, con el relato titulado "Vencer o Morir".
A la final de dicho certamen habían llegado ocho relatos, de los cuales el Jurado ha seleccionado el presentado por el autor gaditano.

"Vencer o morir" narra la historia de la Final del Mundial de Fútbol 1938, disputado en Francia entre las selecciones de Italia y Hungría, y con el trasfondo pre-bélico del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Con este premio, Alberto Puyana consigue su cuarto máximo galardón del año tras los obtenidos en Puente Zuazo, Ecos Loperanos y Marbella Activa.

En breve, publicaremos el texto íntegro de la obra ganadora del certamen cordobés.




domingo, 21 de junio de 2015

"LA SUERTE INTERCAMBIADA", DE ALBERTO PUYANA, PRIMER PREMIO EN EL XLI CONCURSO DE CUENTOS "PUENTE ZUAZO"






El pasado viernes 19 por la noche, durante la gala de clausura del curso 2014-15 en el Centro de Congresos de San Fernando, la  Real Academia de Ciencias, Letras y Artes de San Romualdo,  hacía público el fallo del jurado de la XLI edición del Concurso de Cuentos "Puente Zuazo", por proyección y trayectoria, el concurso literario más prestigioso de la provincia de Cádiz.

Era precisamente la alcaldesa de la ciudad, Dña. Patricia Cavada, la encargada de anunciar a Alberto Puyana como ganador de un concurso que este año ha presentado una participación de 173 obras procedentes de 36 provincias españolas y de otros lugares del extranjero.

Con este galardón, el escritor completa un mes y medio importante, en el que se ha visto reconocido con cuatro premios en distintos certámenes: tres primeros premios (San Fernando, Lopera y Marbella) y un segundo (Ubrique).

En próximos días, publicaremos el texto ganador completo.






viernes, 19 de junio de 2015

PRIMER PREMIO EN EL III CERTAMEN DE RELATOS BREVES "ECOS LOPERANOS"




En la tarde de ayer se comunicaba, a través de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Lopera (Jaén), que el primer premio del III Certamen de Relatos Breves "Ecos Loperanos", convocado por la Asociación Cultural "La taberna de Lopera", recaía este año en Alberto Puyana por su relato "Mentiras piadosas".

El solemne acto de entrega de premios tendrá lugar hoy, 19 de junio en la localidad loperana, acto al que el autor ha excusado su ausencia  debido a la premura del aviso y su imposibilidad de asistir por razones laborales.



domingo, 10 de mayo de 2015

CAFÉ Y TINTA... CON VIDAL FERNÁNDEZ SOLANO




Cuando llamé a mi amigo Vidal y lo invité a tomar café y charlar un rato (intentaré que sea él quien me termine invitando… jejeje), sabía que no me dejaría plantado aquí en el bar.
Y es que Vidal, es un tipo peculiar. Uno de esos escritores que, por su estilo narrativo, y por los temas que tocan sus escritos, pasará por esta vida sin dejar indiferente a nadie. Es otro de esos escritores anónimos que luchan por tener esa oportunidad de mostrar lo que es capaz de hacer, de escribir… de imaginar.
Mirad, por ahí viene…

—¡Eh! ¡Vidal!... ¡aquí, junto a la ventana! ¿Cómo estás, tío? Me he tomado la libertad de pedirte un café. Oye, mientras que viene el camarero, me gustaría preguntarte una cosa que me viene dando vueltas al coco hace un tiempo… ¿realmente piensas que Montague Druitt era el verdadero Jack el Destripador, o solo fue la excusa perfecta para escribir “Fuego de noche, hielo de día” un soberbio relato sobre los asesinatos de Whitechapel(altamente recomendable, amigos)?

—En absoluto. No quería escribir un relato sobre crímenes, sangre, policiaco, sino sobre la persona que fue el famoso asesino. Cuando me puse a escribir el relato desconocía todo acerca de la historia del Destripador. Pero al ir avanzando en mi investigación me di cuenta de que al principio pretendía llamar la atención con simples crímenes y después, cuando la prensa lo elevó a lo que hoy sería una celebrity, se hizo más “carnicero”, más sensacionalista. Antes era un asesino, después actuaba para las cámaras. Para mí el principal sospechoso es el exnovio de la última víctima, Mary Jane Kelly. Él quería que abandonase la prostitución pero ella seguía a lo suyo y por eso empezó a matar prostitutas, para asustarla. Al final la mató a ella, y dejó al cuerpo tan machacado que era irreconocible. El personaje de Druitt me vino bien porque hallaron su cuerpo en el Támesis unas semanas después de la muerte de Kelly, y eso me sirvió para justificar por qué no siguió matando. Yo no intentaba apoyar ninguna hipótesis, solo construir un relato. Sin embargo, hay personas que ya sabían mucho del tema… ejem… como tú. Si hubieras elegido ese tema para escribir ¿de qué habrías hablado?

—Pues si tú supieras que estuve a punto de escribir un relato sobre Jack precisamente este año y para el mismo concurso en el que presentaste el tuyo… Mi protagonista era una de las asesinadas (aún no había decidido cuál), y la historia giraría en torno a la miseria de Whitechapel… la figura del asesino solo aparecería de trasfondo, y el final, lógicamente, era el asesinato de la prota. Ahora, a toro pasado, y viendo tu “retoño”, creo que dejaré indefinidamente en la nevera esa historia. Y lo digo porque, al estar tan bien montada, temo que inconscientemente me deje influenciar por la atmósfera que creaste. Me ha pasado en otras ocasiones, así que sé de lo que hablo, jejeje. De todas formas, no es el primer relato tuyo que me gusta, lo sabes. Sobre todo me mola esa “oscuridad” que asoma a tus historias… venga, va… seguro que esto no te lo han preguntado nunca (modo ironic ON)… ¿qué influencias literarias tienes? ¿Poe, Lovecraft?...

—Lovecraft, definitivamente no. De Poe leí algunas cosas de adolescente. Esa es una pregunta sencilla de difícil respuesta. Tú has escrito muchos relatos que han ganado concursos, de géneros muy dispares (yo también he hecho mis averiguaciones). El único autor del que puedo decir que una vez, en mis años mozos, fui seguidor, es de S. King. Ahora me gusta leer de todo, solo pido que la historia me enganche de principio a fin. No soy de los que creen en una única influencia. ¿Cuáles son tus autores de culto, ya sabes, esos a los que quizás te gustaría parecerte un poco?

— Yo reconozco que tengo muchos. García Márquez, Cortázar. Poe, por supuesto. Y luego, un peldañito más abajo Orwell, Capote, Dos Passos, Burgess… reconozco que también he seguido (¡y sigo!) a Stephen King. Otro de mis favoritos es Sharpe, aunque en otro registro, claro. Como ves mis gustos son bastante heterogéneos; menos la literatura erótico-romántica, leo un poco de todo.  Antes de que me lo preguntes, de la literatura española me quedo con Delibes, Lorca… y me reconozco devorador de la obra de Vázquez-Figueroa. ¡Ya ves cuánta diferencia entre unos y otros!  Cambiando de tercio, tío, imagínate que se te aparece Dios, no en forma de zarza ardiendo, sino de vitrocerámica al rojo, por ejemplo… y  te ofrece  la oportunidad de ser:
A)     Un escritor de éxito: te forrarás y tus libros se venderán en supermercados y grandes almacenes, como si fuesen rosquillas.
B)      Un escritor de culto: morirás pobre, pero tu obra será eterna
¿Con cuál te quedas?

—¿Por qué en forma de vitrocerámica ardiendo? Jaja. Si se me apareciese Dios esperaría algo más psicodélico y relajante. Prefiero vender millones de libros. Que le den a la eternidad. Sé que nadie se acordará de mí cuando estire la pata. Mientras tanto, a vivir lo mejor que se pueda. Y a ti ¿qué te impulsó, no a escribir historias, sino a mostrarlas al público? ¿Algo de ese ego que nos atribuyen a los que somos más o menos escritores?

—Yo siempre cuento que escribir es, ante todo, un hobby. Hay quien hace punto de cruz, rellena autodefinidos o sudokus, se dedica a la papiroflexia… en mi tiempo libre me gusta sentarme frente a la pantalla y aporrear teclas. Algo de ego sí que se tiene, se reconozca o no, Vidal. El momento más crítico es ese en el que se traspasa el velo íntimo de lo que has escrito y lo enseñas a alguien para que lo valore, y durante el tiempo de su lectura, absolutamente todos los cimientos de la historia que has escrito se tambalean más o menos en función de la opinión que recibes. Y para tragar hiel también hay que valer, Vidal, jejeje… somos de otra pasta. Volviendo al tema de la lectura, a veces tengo la sensación de que la gente, en general, lee poco… o lee menos. ¿Por qué crees que estamos viviendo esta crisis literaria, Vidal?

—No estamos viviendo una crisis literaria, sino cultural. Nuestro país tiene un nivel de conciencia social, cultural y de respeto hacia los demás que solo es superada por debajo por Haití, creo. No es una cuestión coyuntural, sino que viene de siglos atrás. Si alguien se entera de que escribes relatos piensa que eres un esnob o un pijo, y de leer lo que escribes ¡ni hablar!, demasiado esfuerzo. Y no estoy hablando de un tópico, sino de situaciones reales vividas. El día que escriba mis memorias más de uno se va a cabrear. Tendré que usar nombre ficticios, pero aún así… ¿A ti no te ha pasado que alguien de tu entorno te mire “de esa manera” cuando se entera de que escribes relatos o novelas?

—Jajajaja… por supuesto. Hay quien te mira como diciendo “¿tú? ¿escritor?... pero… ¿escritor de escribir?”. Afortunadamente casi toda la gente de mi entorno sabe que tengo esta inquietud desde pequeñito, y ya me miran con condescendencia o resignación, ya me entiendes. Y luego están los que te miran como si estuvieses completamente loco… Por supuesto están los dos extremos: el que te mira con admiración, como si estuvieses cerca de ganar el Nobel de Literatura, … y el que lo hace con cierta envidia o inquina, que de todo hay. Son cosas inherentes a esta vocación. Por cierto, defíneme qué características tiene que tener un escritor, para que te cautive…

—No  me gusta la prosa muy recargada. Lo que yo disfruto es de una historia con tensión, de esas que hacen que siempre quieras leer un capítulo más aunque al día siguiente lo lamentes cuando suena el despertador? Tú, que eres del gremio ¿piensas que es más importante la forma que el fondo? Y no me vengas con eso de que un poco de todo, equilibrio, etc. Deja a un lado la filosofía moderada y sorpréndenos.

—Es fundamental tener una historia que contar. De nada sirven las florituras si después de 100 páginas lo que estás leyendo “no te llega” o no te “provoca” sensaciones (buenas o malas, ojo). Pero claro… una gran historia contada de manera simple es como servir un vino de 12000 euros en un vaso de plástico. Estará rico… pero has perdido la oportunidad de ensalzar las virtudes del producto. Por eso, y ya sé que estoy diciendo precisamente lo que no querías, lo ideal es el equilibrio. Pero si me tengo que decantar, prefiero mejores fondos que formas. Y esto es algo que se echa en falta en los nuevos autores, por llamarlo de alguna manera… este “boom” de famosillos metidos a escritores… ¿a quién hace más daño? ¿Al lector? ¿A los escritores noveles? ¿A la cultura, en general?

—Yo no creo que perjudique al lector. El que lee de forma habitual no consume ese tipo de basura. La cultura tampoco se ve perjudicada, ese fenómeno se debe a la caja tonta y ha calado en nuestra forma de ser igual que en otros países. La cultura es otra cosa que no tiene nada que ver con la oleada de libros “escritos” por payasetes televisivos. Piensa que, paradójicamente, la mayoría de la gente que compra esos libros no los lee, o al menos no los acaba. A los autores sí que los perjudica, porque el dinero que la gente gasta en comprar ese tipo de libros lo escatima de adquirir verdadera literatura. Si además tenemos en cuenta cómo está el patio pues sí, yo diría que los autores noveles ya no tenemos nada que hacer. Lo que no puedo decirte es si en otros países (como, por ejemplo, los de habla anglosajona) un escritor novel recibe más atención que aquí. ¿Tú cómo lo ves? 

— Yo pienso que, por desgracia, estamos en un tiempo, una etapa, que va a durar muchos años. La política editorial se ha vuelto estrictamente economicista, y prima vender por encima de todas las cosas. No es algo nuevo, ni que vaya a acabar en breve. De hecho creo que es una tendencia que puede abarcar a varias generaciones de escritores. Por eso se prefiere, ya no un famoso, sino un “famosillo” para que publique un libro y facilite las ventas, antes que arriesgarse con alguien nuevo y desconocido. Y aunque es un mal extendido en todo el mundo (incluso en ese mundo anglosajón, donde el amarillismo vende como rosquillas), sí que es verdad que España ha entrado en una dinámica de desplome cultural al que no se le ve fondo.
Ya que estamos, venga, tío, mójate… ¿cuál es el tu Premio fetiche y por qué? ¿Qué Certamen te gustaría ganar? No te cortes… ¿Planeta, Nadal, Biblioteca Breve, …Minotauro, quizás?

—¿Esa es una pregunta trampa? Si te soy sincero, siempre he pensado que los premios “grandes” son meras maniobras de marketing y que están asignados con mucha (pero mucha) antelación. Vamos, que solo se trata de promocionar ciertos escritores o novelas. Una vez estuve a punto de presentarme al Minotauro, pero las condiciones me parecieron abusivas y abandoné la idea. A mi nivel, te diré que había dos antologías a las que tenía muchas ganas, más que nada porque me parecían inalcanzables, cada una por motivos diferentes. Una de ellas era Hislibris, porque yo soy autor de misterio, suspense y terror más que de histórico. La otra era Calabazas en el Trastero porque se trata de una publicación muy endogámica, suelen elegir autores de su círculo o del foro que administran los mismos editores. Ambas las conseguí el año pasado. Y por si fuera poco también logré mi sueño de publicar una novela sin recurrir a la autoedición. De momento (solo de momento) no he subido el listón. ¿Tú crees que es importante ganar premios para darte a conocer? ¿No es mejor escribir una novela que encuentre apoyo de una gran editorial? Ya sabes, lo del padrino y el bautizo…. 

— Lo ideal sería que una gran editorial (o mediana) te apoye, sin lugar a dudas. El problema está en que, como dije antes, mientras seas un perfecto desconocido nadie te va a hacer ni puñetero caso. Y ahí es donde entra el tema de los concursos literarios. Ya no por el tema de ganar dinero con ellos… es un escaparate, una forma de darte a conocer y que alguien, en un caso hipotético y utópico, te “descubra”. No es lo habitual, de hecho pasa pocas veces… pero ha pasado. Basta que haya sucedido una sola vez para que, al menos en lo que a mí respecta, me merezca la pena participar en concursos. Aun así hay que tener los pies en el suelo y ser consciente de que es algo muy complicado, como ganar una lotería. Oye, supongo que compartirás conmigo eso de que un relato es como un hijo. Aun así déjame  que te ponga en un aprieto… ¿de cuál estás más orgulloso y de cuál menos? ¿Y por qué?
                                                                                                                                                            
—Esa es la típica pegunta de ¿a quién quieres más, a tu papá o a tu mamá? Ahora después me dices tú cuál de tus relatos es tu favorito y a cuál de ellos no quieres. Pero no voy a eludir la pregunta. Para empezar, te diré que a medida que pasa el tiempo y voy aprendiendo más mis historias están más planificadas, mejor redondeadas y más llenas de recursos. Quiero decir que los últimos me gustan más que los primeros, quizás porque están más cerca en el tiempo. Sin embargo, hay un par de relatos “antiguos” a los que tengo mucho cariño. En especial, uno titulado “La casa de al lado”, que ganó un concurso de relatos de terror. Mientras lo escribía podía sentir la magia fluyendo. ¿El patito feo? Por decir uno, escogeré uno que escribí para Calabazas en el Trastero Horror Cósmico. Se titula “Invasión” y, efectivamente, era un horror, jajaja. Ahora a ver si eres capaz de igualar la valoración. Venga, a criticar a tus hijitos…

—Me pasa como a ti. Tiendo a valorar más los relatos más recientes que los antiguos, y se debe a que conforme pasa el tiempo, eres consciente de las “taras” de tus primeros escritos. Yo tengo algún relato premiado que, sinceramente, ahora lo leo y lo veo simplón, plano, y casi me da vergüenza confesar su autoría. En ese sentido, por ejemplo, está “La gloria de Arzúa”. Relato nada recomendable, lo admito. De los últimos escritos, para mí el mejor por todo lo que supuso de investigación, ambientación, redacción, etc… es “ La Guerra del Loco”, que ganó el  Premio “Leopoldo de Luis” el año pasado.  Creo que ese relato sí que quedó redondo de principio a fin y estableció una especie de “techo” de calidad que no he vuelto a encontrar (por desgracia) en relatos posteriores. Quizás se deba a que ese relato tuvo mucha preparación previa. Los posteriores han sido más improvisados, y eso se nota.
 La vida del escritor novel es dura (que nos lo digan a nosotros)… ¿a qué aspiras, Vidal? ¿Cuál es tu meta en esto de juntar letras?

—En un principio aspiraba (o quizás lo soñé, ya no me acuerdo muy bien) que quizás podría malvivir escribiendo, mi situación laboral era penosa —y después se puso peor—, pero aquella fantasía ya desapareció. Ahora solo pretendo ir publicando un relato aquí y otro allá, puede que alguna novela de vez en cuando y así ir acumulando una pequeña colección de libros “míos”. A otros se les da mejor ir ganando un poco de pasta, o no tan poco. Cuenta, cuenta, anda, no te hagas el humilde…

—Pues no te creas que se gana mucha pasta, no. Ni para malvivir, siquiera. Hasta la fecha solo he ganado un premio equivalente a un sueldo mensual (que no está mal, no me voy a quejar)… pero la inmensa mayoría te permite pagar el seguro del coche, o la cesta de la compra de un mes… De hecho algunos de los que he ganado han sido premios “no dinerarios”. Ya sabes, un estuche de vino, un fin de semana en un hotel… Realmente tan sólo los certámenes de novela te permitirían vivir (y solo por un tiempo) de la escritura. Si bajamos al peldaño de los relatos, ni te cuento. Como mucho, consigues tirar un par de meses, siendo muy optimista y teniendo la suerte de “enganchar” un par de premios seguidos (lo cual es muy complicado, porque la competencia es altísima). Los concursos te aportan un extra que viene muy bien… pero por si solos, no mantienen tu cuenta corriente en verde. Tan solo mantienen a tu ego.
Bueno, voy pidiendo la cuenta, si te parece. Pero antes cuéntame algo sobre tus proyectos literarios a corto, medio y largo plazo.

—Los últimos meses he estado “retirado”, por decirlo de algún modo, así que ya se han agotado mis asuntos pendientes. Para este año tengo en producción una novela multiaventura, de esas que te dan a elegir seguir por un lado o por otro. La estoy escribiendo con unos compañeros del foro relatospulp.com. También tengo en negociaciones la publicación de una novela propia, Ecos de gente muerta, que verá la luz en otoño, si todo va bien. Además colaboro habitualmente con la revista Vuelo de cuervos, de la que saldrá una antología con un relato mío, y un par de concursos a la vista. Pero aún quedan muchos meses por delante, quien sabe… ¿y tú? ¿Preparas algo especial de lo que merezca la pena enterarse? ;)   

— Proyectos varios, pero como buen piscis que soy, lejos de culminar. Tengo dos novelas empezadas (las dos de misterio) y otras tres pendientes de publicación (no hay manera de encontrar padrino, macho… ya me contarás cómo lo hiciste tú)… así que me lo tomo con filosofía y de momento escribo lo que me apetece y concurso cuando puedo, para matar el gusanillo.

Ha sido genial compartir este ratillo contigo. No todos los días puede uno compartir mesa con un escritor talentoso y prometedor como tú. ¡Un abrazo, compañero!

—Lo mismo digo, Vidal.

Delicioso café y deliciosa conversación la que he mantenido con este magnífico escritor, que ya les adelanto dará que hablar. Si hay entre mis lectores algún representante y/o editor, hágame caso y no deje pasar esta oportunidad. Éxito garantizado.
Vidal Fernández Solano… apunte bien su nombre. Literatura diferente, con sello personalísimo y rica en matices. Una especie en extinción…


Un placer, amigo. Hasta un próximo café.




                                                SOBRE VIDAL FERNÁNDEZ SOLANO:

Vidal Fernández Solano (Madrid, 1969), Licenciado en Económicas, comenzó a escribir relatos ya en su edad adolescente, como un simple entretenimiento. Sin embargo, su afición quedó aparcada durante mucho tiempo. No fue hasta finales de 2011 cuando decidió compartir su obra con el público.
Unos meses después publicó su primer relato en la antología Epic de Tyrannosaurus Books. Participó también en los recopilatorios Bocados Sabrosos 2 y La Parca de Venus, en los libros solidarios Cuentos de Ciudad Esmeralda y El Lenguaje de la Fantasía, en la antología Steampunk-Gaslamp de Planes B, y en las recopilaciones de relatos históricos de Ediciones Rubeo y VI Concurso Hislibris. En septiembre de 2013 se publicó su primera novela, Molobo. Ha participado como jurado y corrector, además de con un relato, en la antología Amanecer Pulp 2014, y ha resultado seleccionado para Calabazas en el Trastero: Steampunk, en la antología de relatos Top Terror, un 2º puesto en el concurso de novela corta de terror Dagón con su novela Ecos de gente muerta y la selección de su relato Fuego de noche, hielo de día en la VII edición de Hislibris. Actualmente colabora de forma asidua con la revista Vuelo de Cuervos y, tras unos meses de parón literario, prepara su vuelta al ruedo con un par de proyectos. Publica algunos de sus relatos en su blog personal




viernes, 8 de mayo de 2015

"NO HAY ENEMIGO PEQUEÑO" (Relato Corto.-2015)





   
                                               

                          Primer Premio en el II Concurso de Relatos "Marbella Activa" 2015.




                                                         Marbella, febrero de 1882.

La humilde comitiva enlutada de apenas diez personas, cruzaba las puertas del cementerio pasado el mediodía, entre sollozos, maldiciones y quejas al Altísimo por haberse llevado prematuramente al bueno de Alvarito.
Encima del carromato tirado cansinamente por un pardo mulo viejo, el pequeño cajón cuadrado de madera guardaba en su interior el inerte cuerpecito de aquel niño de cuatro años que no había podido soportar por más tiempo el castigo de la hambruna, y sin previo aviso abandonó el mundo, quien sabe si en busca de sus dos hermanos menores, Javier y Remedios, que lo hicieran meses atrás en idénticas circunstancias.
Justo atrás del carromato, Virtudes, hecha un mar inconsolable de lágrimas, clamaba al cielo con ira por haberse llevado al tercero de sus hijos en menos de un año. Al lado, su marido Cosme no pronunciaba palabra. Tan solo sus ojos enrojecidos y las mejillas irritadas por el continuo trasiego de lágrimas hasta su mentón, podían dar testimonio de un alma rota, de un corazón muerto por la desesperanza y la congoja.
El resto de acompañantes, eran familia cercana y vecinos que parecían preguntarse, entre miradas esquivas, a quién de entre los presentes tocaría acompañar pronto al camposanto, pues las enfermedades y la desnutrición comenzaban a mellar la salud de todos sin discriminar edades.
Mientras el cajón era introducido lentamente con cordajes en un amplio agujero en la tierra del camposanto, con el monocorde sonido de fondo de una plegaria en latín pronunciada por el sacerdote, Virtudes tomó la mano de su marido, y al momento la notó áspera de tierra; luego la alzó hasta sus labios tratando de consolarlo con un beso. Fue en ese instante cuando percibió el olor a quemado en el puño de su camisa, y contempló los dedos y las uñas tiznadas por el humo de algún fuego.
Temerosa preguntó en un susurro a su marido en qué se había metido, y él contestó con un mohín de amargura en el rostro:
—He dado muerte a sus asesinos.
Virtudes sintió temblar sus piernas y a punto estuvo de desfallecer por la impresión que le produjeron aquellas palabras. Apretó la mano de su marido en la suya, y de nuevo a su oído, exclamó:
—¿Te has vuelto loco, Cosme? ¿Qué has hecho?
—Anoche cogí la maza y me la eché al hombro. He acabado con todos ellos a golpe y fuego.
—Sabes que vendrán a buscarte… ya solo nos tenemos el uno al otro. ¿Y si te llevan a prisión? ¿Y si te dan garrote? ¿Qué haré sola después de todo lo que hemos pasado?
—La muerte de Alvarito, Remedios y Javier debía ser vengada y yo lo he hecho con mis propias manos. Ahora que venga el castigo y si no es así, que sea el propio Dios quien haga justicia cuando en su presencia me vea.
Apenas habían recibido el pésame del sacerdote e iniciaban el penoso regreso a casa, cuando cuatro hombres a caballo interrumpieron el paso de la comitiva. Tres guardias civiles, y al frente de ellos, un caballero de canosa barba, vestido con elegante traje negro. Se descubrió la cabeza en señal de respeto, y a viva voz espetó.
—Cosme… muchos años llevas trabajando en varias de mis fincas, y sabe Dios lo mucho que lamento que hayas tenido que pisar este cementerio para enterrar a tus hijos en solo un año. Pero anoche te vieron huir del fuego… ¿tienes algo que decir?
Cosme miró con fiereza fijamente a los ojos negros del caballero y, apretando los dientes, dio un paso al frente respondiendo:
—Que fueron mis manos las que prendieron la hoguera. Que yo mismo me encargué de arrasarlo todo y si naciera cien veces, cien veces lo haría de nuevo.
—Lo comprendo. Y yo en tu lugar quizás hubiera hecho lo mismo… pero debes entender que hay maneras de hacer justicia, y la tuya debe ser castigada por la Ley. ¡Guardias! ¡Aquí tienen al culpable confeso! ¡Préndanlo!
Cosme no puso impedimento en que los Guardias ataran sus manos a la espalda, todo lo contrario que su esposa, quien forcejeó con ellos zarandeando mangas, arañando piel y gritando clemencia para su marido… agarrándose a él como si fuese el último pedazo de vida que la vinculaba a este mundo.
Pero a pesar de sus súplicas y sus esfuerzos, Cosme le fue arrebatado para introducirlo con grilletes en un penal, donde pagaría largos años por su crimen.


                                                 EPÍLOGO

La noche anterior, ya de madrugada,  bajo un cielo estrellado y con los lejanos ladridos de algún perro callejero como únicos testigos, Cosme tomó su enorme maza de entre las herramientas de trabajo que se guardaban en la finca donde trabajaba desde hacía muchos años, la última que había quedado sana en muchos kilómetros a la redonda, y sin dudarlo un instante se colocó entre las cepas de vid para hacer una hoguera.
Ahogaba su pena besando la boquilla de una botella de vino… del mismo que se elaboraba con la uva de aquellas cepas a las que estaba a punto de destruir.
Tomó una madera prendida, y una a una fue acercando la llama a cada cepa de vid, hasta ver cómo el fuego se extendía y cubría cada una de ellas.
Luego, cuando comprobó que todo el terreno se había convertido en una aterradora suerte de llamas perfectamente alineadas, subió hasta la bomba de riego, y con la maza partió portezuelas, canales y acequias, dejando que el agua inundara con furia la finca hasta convertirla en un pantanal.
Poco después, el fuego apagado enviaba al cielo cientos de columnas de humo, y sobre el agua flotaban millares de diminutos insectos, unos amarillos y otros broncíneos, que habían sido los culpables de infestar todas las cepas de esa y todas las fincas de la provincia de Málaga, llevando a sus trabajadores a la ruina, al desamparo y a la hambruna.
La filoxera había consumido el único sustento de aquellos agricultores, y al cabo de unos años, los expuso, por la falta de dinero y alimentos, a variadas enfermedades provocadas por la desnutrición y a la inanición. La misma que se había llevado la vida de sus hijos Alvarito, Remedios y Javier.
Aquel diminuto insecto, aquel engendro del demonio que a simple vista podía ser aplastado entre dos dedos, fue capaz de arrebatarle su más preciado tesoro y puso  en jaque la vida de numerosos vecinos de la comarca.

Cosme, se había cobrado cumplida venganza, y entre sollozos recordaba las sabias palabras de su difunto padre cuando le advertía de los viles derrotes de la vida  recomendándole cautela, «pues no existe en el mundo… enemigo pequeño».



martes, 5 de mayo de 2015

EL RELATO "PARALELISMOS", SEGUNDO PREMIO EN EL IV CERTAMEN DE RELATOS CORTOS "LA PLAZA DE LA VERDURA", DE UBRIQUE






En la tarde de hoy, se ha comunicado a Alberto Puyana que su relato "Paralelismos" se ha hecho acreedor del Segundo Premio en el IV Certamen de Relatos Cortos "La Plaza de la Verdura" de Ubrique.

La entrega de premios se realizará en el Salón de Actos del Excmo. Ayuntamiento de Ubrique el próximo día 16 de Mayo a las 13h.










miércoles, 29 de abril de 2015

PRIMER PREMIO EN EL II CONCURSO DE RELATOS "MARBELLA ACTIVA"






A primera hora de la tarde, se comunicaba que el ganador del Primer Premio  en el II Concurso de Relatos "Marbella Activa", patrocinado por FNAC, era Alberto Puyana con su relato "No existe enemigo pequeño".
La historia transcurre en la Marbella de finales del siglo XIX. Unos padres humildes, agricultor él, entierran a su tercer hijo en un mismo año, víctima como los anteriores de la hambruna que azotó la zona a causa de la filoxera.

La entrega de premios tendrá lugar el próximo 7 de mayo a las 19h, en FNAC del  C. C. La Cañada de la localidad marbellí.


sábado, 25 de abril de 2015

A LA VENTA "PAX TIBI, NIEVE SOBRE EL CEREZO" DE EDICIONES EVOHÉ, CON LA PARTICIPACIÓN DE ALBERTO PUYANA








La antología del relatos correspondientes al VII Concurso de Relato Histórico "Hislibris", patrocinado y publicado por Ediciones Evohé, ya se encuentra a la venta.
"Pax Tibi/Nieve sobre el cerezo" (títulos de los dos relatos ganadores del certamen), contiene entre los relatos seleccionados para su publicación, la presencia de "Muerto el perro...", relato del que Alberto Puyana es co-autor, junto al cordobés Rafa de Toro y al jovencísimo y prometedor escritor toledano Edu de la Iglesia.
Esta experiencia de narración "a tres", tiene como protagonistas al triángulo artístico formado por Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí, ganándose el derecho a ser publicado bajo el sello editorial de Evohé, junto con otros trece relatos de excelente calidad.

Los ejemplares (en formato papel o digital), se pueden obtener a través de la página oficial de Ediciones Evohé.

martes, 3 de marzo de 2015

ACCÉSIT EN EL XIV CERTAMEN DE RELATOS DEL CIM DE SAN ROQUE



En la mañana de hoy, se comunicaba que Alberto Puyana era reconocido con el Accésit en el XIV Certamen de Relatos organizado por el Centro de Información de la Mujer de la localidad campogibraltareña del presente 2015.
El acto de entrega de premios tendrá lugar el próximo 6 de marzo en el Teatro Juan Luis Galiardo de San Roque, donde se dará lectura a los textos premiados en una acto abierto al público y que servirá como homenaje al Día de la Mujer que se celebrará el domingo 8.