jueves, 30 de octubre de 2014

"CON LA FRENTE MARCHITA" (relato corto.-2014)






             PRIMER PREMIO DEL XI CERTAMEN DE RELATO CORTO MIAJADAS 2014



                                                    «CON LA FRENTE MARCHITA»

Después de un largo rato caminando inmerso en sus pensamientos y en el recuerdo de tiempos pasados, Javi se plantó frente a la puerta. Habían pasado casi veinte años desde la última vez que su mano derecha tomó el aldabón de bronce en las manos y lo golpeó tres veces haciendo retumbar hasta los cimientos de aquella vieja casa y los de su propia vida. Veinte años desde que decidió romper una relación nacida en plena adolescencia y que a fuerza del paso de los años, perdió candidez, inocencia y la pasión necesaria para seguir adelante. Dos eternas décadas en las que en multitud de ocasiones se preguntó por qué lo hizo...¿realmente necesitaba romper traumáticamente aquella relación sin darle siquiera una mínima oportunidad?
En todo ese tiempo, Javi había experimentado numerosos sinsabores en el terreno amoroso: había tenido tres nuevas relaciones, una boda, un hijo, un divorcio y alguna que otra aventura esporádica de una noche. Y aunque era consciente de que precisamente en momentos de «crisis existenciales» como la que en ese momento atravesaba, el ser humano tendía a idealizar las glorias pasadas obviando las múltiples razones que le llevaron a tomar determinadas decisiones, no era menos cierto que en su cabeza surgían numerosas fantasías sobre lo que pudo ser y no fue, y sobre todo le atormentaban cientos de preguntas pendientes de respuestas.
La primera de ellas… ¿qué fue de Marta, su primera novia?
El destino quiso que aquella mañana, sumergido en la indisimulable añoranza de su primer amor de adolescencia, puro y sincero, sus pies lo hicieran caminar inconscientemente por la serpenteante calle empedrada donde el número veinte, el portal de Marta, se asomaba a la solitaria acera. Mismas sensaciones, mismos aromas...el mismo sonido del bullicio en la calle, melodías de conversaciones anodinas mezcladas con chasquidos de bolsas de plástico, monedas sobre el mostrador de un bar cercano y silbidos de cafeteras express, el ronroneo del motor de la furgoneta que repartía el pan por el barrio...nada...absolutamente nada parecía haber cambiado.
Bueno, algo sí lo había hecho; Javi se acercó distraídamente al escaparate de una tienda de ropas, y en vez de contemplar el reflejo del chico de flequillo largo peinado con un ligero y desenfadado tupé, sonrisa inocente pero franca y sincera, encontró un esbozo de decadencia. Mirada castigada, cabello largo poblado de canas e infinidad de diminutas arrugas que nacían alrededor de los ojos y de los labios, no excesivamente marcados, pero lo suficientemente visibles como para evidenciar que aquel chico de hacía veinte años se había transformado por la laceración del tiempo y los golpes de la vida, en un señor de aspecto esquivo, desconfiado y desesperanzado.
No pudo evitar retroceder alejándose del escaparate como si de esa manera huyera de la imagen que se reflejaba en la actualidad, y a punto estuvo de atropellarlo en ese momento un chico con su motocicleta negra, el cual tras esquivarlo con maestría, le dedicó a Javi una colección de epítetos nada cariñosos.
Respiró profundamente y, tras observar como la motocicleta se alejaba calle arriba, dió media vuelta para enfrentarse cara a cara a aquel número veinte, a aquella enorme puerta de madera que parecía haberlo esperado todo ese tiempo y que, con apenas unos centímetros de grosor, parecía separar el presente y el pasado como si fuese un infranqueable muro que hubiese permanecido inalterable todo ese tiempo.
Nervioso, Javi tomó el aldabón con su mano derecha y lo golpeó tres veces, como hacía veinte años antes. Al poco, el angelical y familiar rostr de Marta asomó en el umbral de la puerta. Era perfectamente reconocible: sus grandes ojos de color chocolate conservaban el brillo y la viveza de antaño, y sus cabellos, aunque más cortos y tintados de caoba, parecían tan sedosos y juguetones como entonces. Su piel, en la que no asomaba ni una sola arruga, mantenía el delicioso tono tostado de inicios de verano que tantas y tantas veces acarició en la soledad de su cuarto, a solas con el ventilador de techo y cómplices de la penumbra buscada con las cortinas oscuras que la mamá de Marta seguramente bordó con otras intenciones.
Marta miró directamente a los ojos a Javi, y tras escrutarlo durante un largo minuto, sonrió y dijo: «Llegas algo tarde ¿no te parece?… anda, pasa. Te estaba esperando».
Y Javi pudo entender que siempre habría nuevas oportunidades y que a veces las puertas que se cerraron en el pasado, oh caprichoso destino, volvían a abrirse cuando menos te lo esperas. En ese preciso momento, por absurdo que pueda parecer, al fin comprendió qué quería decir Gardel cuando cantaba aquello de «que veinte años no es nada».

                                                                           II
Cuando Javi traspasó el portal, miles de recuerdos se agolparon en su mente de forma desordenada. Recordaba aquel recibidor al que Marta acudía corriendo para abrir la puerta y colgarse con sus brazos alrededor de su cuello y besarlo casi a escondidas... no fuera a descubrirlos Doña Juanita, la madre de Marta, una encantadora viuda protectora y chapada a la antigua.
También reconoció el salón, aunque la distribución de muebles había sufrido un enorme cambio. Eso sí...en uno de sus laterales permanecía el mismo cuadro de antaño, un paisaje marino en el que el movimiento de las olas al morir en la orilla parecía real.
Siempre me gustó ese cuadro... dijo Javi con sinceridad.
Lo sé... quizás por eso no lo quité nunca. respondió Marta sonriendo.
¿Y... tu madre?
Murió hace cinco años. El mes pasado fue el aniversario de su muerte.
Lo siento mucho, Marta. Sabes que la apreciaba... a pesar de los problemas que tuvimos.
Ella también te apreciaba a tí, Javi... como si fueses su propio hijo.
En ese momento, el inconfundible aroma del café recién hecho impregnó el aire del salón y Javi inspiró profundamente, cosa que no pasó inadvertida para Marta.
Acababa de hacer café. ¿Te apetece una taza y así me vas contando a qué debo tu visita?
Perfecto, Marta. ¡Huele de maravilla!
Se sentó en el viejo sofá del salón mientras Marta se perdía en la cocina, y acarició los cojines con delicadeza... la misma con la que hacía veinte años había empleado para besar, acariciar y hacer el amor a Marta precisamente sobre esos mismos cojines, aprovechando que Doña Juanita había salido a la plaza de abastos para realizar la compra diaria. Recordó el palpitar del pecho mientras se desnudaban mutuamente con rapidez, sabiendo que cada minuto era un regalo que debían aprovechar, y mirando de cuando en cuando de reojo el viejo reloj de pared que marcaba la cercanía de la llegada de Doña Juanita.
Cuando ya percibían que el tiempo se les echaba encima, se apresuraban a vestirse y a tratar de calmar sus corazones, disimulando en la medida de lo posible el suave rubor de mejillas que el placer había dejado en sus adolescentes cuerpos.
Marta entró en el salón portando en sus manos una bandeja sobre la que descansaban dos tazas de cerámica blanca a medio llenar de leche, un azucarero y la jarra de humeante café.
He supuesto que seguías tomándolo con leche...
Bien, bien... has dado en el clavo. Hay costumbres que no he perdido, como puedes ver.
Tras saborear un delicioso café, Javi sentía que había llegado el momento de dar explicaciones.
Te preguntarás qué hago aquí ¿verdad? Después de veinte años supongo que lo último que esperabas encontrar en tu puerta era a tu primer novio, el mismo que te dejó sin apenas darte explicaciones...
Aquello pasó hace mucho tiempo, Javi. No te niego que me hiciste mucho daño, pero éramos adolescentes y ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Rehice mi vida, y me fue más o menos bien. Ahora comprendo muchas cosas y, desde la muerte de mi madre, parece como si muchas puertas y ventanas del entendimiento se hubiesen abierto. Créeme... no te guardo rencor por lo que hiciste. Al contrario: agradezco lo feliz que me hiciste los años que estuvimos juntos.
Aun así, Marta... sé que actué mal y quiero pedirte disculpas por mi comportamiento infantil y mi falta de sensibilidad.
Acepto tus disculpas, Javi...—dijo Marta mientras apoyaba su mano sobre la de Javiolvidémoslo, al menos esta tarde.
Charlaron durante largo rato, hasta que el reloj marcó las seis de la tarde y Javi comprobó que debía marcharse si quería llegar a tiempo a la estación de trenes.
Lo siento, Marta... tengo que irme. Mi tren sale en media hora y no puedo perder más tiempo. Ha sido un placer encontrarte así y poder charlar de todo aquello que no pudimos en su día.
Yo también he disfrutado mucho... necesitaba tener esta charla contigo. Llevo esperándola muchos años.
Quizás pueda pasarme otro día... y repetimos dijo sonriendo Javi.
Tal vez... quién sabe. Yo seguiré aquí esperándote.
Dicho esto Javi acercó sus labios a la mejilla derecha de Marta, pero instintivamente rozó la comisura de la chica provocando el estremecimiento mutuo. Los ojos de Marta se humedecieron, y tras secárselos con decoro, acompañó a Javi hasta la puerta, despidiéndose con un susurro que el muchacho interpretó como un «te quiero».
Cuando la puerta se cerró, Javi permaneció un rato petrificado ante ella. Sintió que tras esa vieja tabla de madera había recuperado un pedazo de su vida que ya daba por perdida irremediablemente, y no dudó en alegrarse de haber tenido ese día aquella extraña sensación que lo impulsó a volver a la casa de su primer amor.
Los pasos de alguien bajando las escaleras sacaron a Javi de su ensimismamiento. Era un señor al que reconoció como el vecino del tercero, Don Julián, mucho más mayor de lo que lo recordaba y con el pelo completamente blanco aunque con el mismo vigor a cada paso que daba.
¿Busca a alguien? preguntó a Javi.
No se preocupe... acabo de hablar con Marta. De hecho, ya me marchaba.
Muchacho... eso que cuenta es imposible. Marta murió hace cinco años en un accidente de tráfico junto a su madre. Fallecieron en el acto...una verdadera desgracia. Fue una verdadera conmoción en el barrio, ¿sabe?. Disculpe... le encuentro pálido... ¿he dicho algo que no debía? ¿se encuentra bien? Tiene mal aspecto... ¿necesita un médico?...




Ficha técnica:

         Concurso:  XI Certamen de Relato Corto Miajadas 2014
         Organizador:  Excmo. Ayuntamiento de Miajadas.
         Lugar: Miajadas, Cáceres. ESPAÑA








miércoles, 18 de junio de 2014

"LA GUERRA DEL LOCO", DE ALBERTO PUYANA, PRIMER PREMIO DEL VI CERTAMEN LITERARIO "LEOPOLDO DE LUIS" DE RELATO CORTO




El Distrito de Tetuán de Madrid, ha anunciado los premiados en el VI Certamen Literario "Leopoldo de Luis", una de las convocatorias narrativas más seguidas e importantes de nuestro país.
El presente certamen,, ha batido todos los records de participación anteriores, con un aumento del 36% en cuanto a trabajos presentados, un total de 526 de los cuales 340 eran relatos y el resto poemarios.
La concejala Paloma García, se ponía en contacto con Alberto Puyana para notificarle la adjudicación de un premio que viaja a Cádiz, y cuyo Acto Oficial de entrega será a finales de noviembre del presente en el Distrito de Tetuán, coincidiendo con el aniversario de la muerte del escritor Leopoldo de Luis, el 20 de noviembre de 2005.
El jurado ha manifestado a los medios de comunicación que tanto el ganador de poesía como el de relato corto "han concitado la máxima aprobación" por parte de ellos, valorando la calidad general de los textos presentados a concurso en un certamen que se consolida dentro del panorama literario español.

La obra, galardonada con 1500 euros de premio, también será publicada por la Corporación Municipal madrileña.

lunes, 9 de junio de 2014

ALBERTO PUYANA, GANADOR DEL XI CERTAMEN LITERARIO DE RELATOS CORTOS DE MIAJADAS




El pasado sábado por la noche, el Excmo. Ayuntamiento de Miajadas (Cáceres) hacía entrega durante su Gala Literaria anual, de los Premios Literarios de Poesía y Relatos Cortos.

Alrededor de las 22:30h, se anunciaba a Alberto Puyana como ganador del Primer Premio en la categoría de Relatos Cortos en su XI Edición.
El autor, tras agradecer al jurado la concesión del premio, procedió a dar lectura al relato ganador: "Con la frente marchita", en un acto que estuvo presidido por el alcalde de la localidad, D. Juan Luis Isidro, y que contó con la presencia de las cámaras de la televisión local y de la prensa extremeña.

Cabe destacar que el Certamen de Miajadas, pese a su juventud, cuenta con un palmarés importante y un prestigio dentro del mundo de los concursos nada desdeñable, algo que quisieron destacar en sus alocuciones tanto el ganador del certamen, como Raúl Clavero,joven y prometedor escritor de Madrid, que con su relato "Temporada de setas" se hizo acreedor del Segundo Premio de Relatos Cortos.

Este es el sexto premio nacional de relato que obtiene Alberto Puyana en el último año, y el primero en el presente 2014.


viernes, 2 de mayo de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XVII



El vendaval de pruebas diagnósticas y visitas de los distintos especialistas a la habitación de Aislamiento donde pernoctaba, vivía y sufría el bueno de Paco Penas convirtió la unidad de Medicina Interna en un continuo ir y venir de batas blancas que deambulaban pasillo arriba, pasillo abajo para darse de bruces con el sinsentido de un atribulado paciente que no entendía a qué se debía tanta diligencia médica por una simple diarrea.
El trasiego de personal sanitario hacia el fondo del pasillo, resultaba en cierta forma divertida, ya que parecía como si de una nueva peregrinación mariana se tratara.
Pero el que soportaba los pinchazos y las radiaciones era un humilde trabajador de la industria campogibraltareña que a estas alturas de la película apenas si recordaba el motivo de su ingreso hacía ya bastante tiempo (Paco había perdido la cuenta de los días que llevaba encerrado entre las cuatro paredes del vetusto hospital). Pasar por la misma experiencia que hacía apenas una semana había pasado, procediendo a visitar de nuevo el servicio de Radiología, Endoscopia, etc...le provocaban la sensación de Bill Murray en la película "Atrapado en el tiempo" con su eterno y fatídico despertar en el "Día de la Marmota", y la sensación de desazón aumentaba exponencialmente cuanto más consciente era de que tanta prueba no iba a aportar nada nuevo a su proceso hospitalario.
Rendido a la evidencia de que había dejado de ser Paco Penas para convertirse de nuevo en un número, en una estadística, en un sujeto aislado de su entorno natural y social...su ánimo fue decayendo a pasos agigantados.
Fue en ese momento determinado cuando las crujientes bisagras de la puerta sonaron a mediodía, y el Dr. Carapalo (ataviado con toda suerte de protecciones) mantuvo una nueva conversación con él...aunque un tanto inesperada.
- ¿Cómo se encuentra? ¿Mejor?
- Hombre. Si usted piensa que estar mejor es que me pinchen para ponerme un gotero, me partan una vena, consigan colocármelo a la tercera, me saquen 6 tarros de sangre, me metan un tubo por el culo y luego otro por la boca (que espero no fuera el mismo), me hagan varias radiografías, un TAC, una Resonancia, venga un cirujano y me meta un dedo otra vez por el culo, luego venga un psiquiatra a preguntar si abusaron de mi cuando pequeño, y para colmo un señor de mantenimiento se lleve dos horas dando martillazos al picaporte de la puerta...pues qué quiere que le diga, sí… creo que ESTOY MUCHO MEJOR.

Ante la "agresividad" dialéctica de Paco Penas, el doctor comienza a retroceder lentamente sin decir palabra y sin perder de vista a nuestro protagonista que, encendido, espeta al doctor...
- ...pero bueno, qué quería decirme.....
- Yo,..esto...venía a informarle de que...por necesidades del servicio...no tenemos más remedio que ocupar otras dos camas en esta habitación...
- ¿Cómo? ¿Pero no se supone que estoy "aislado"? ¿Y si les pego esto a los que ingresen aquí?
- A ellos también se les ha aislado Clostridium Difficile...así que no se lo puede contagiar, ya lo tienen.
- ¿Y es lo correcto, ingresarlos conmigo? 
Silencio en la habitación.
Por un momento Paco y el Dr. Carapalo intercambian miradas que parecen indicarle que realmente no es un proceder muy correcto...pero finalmente el doctor sale airoso de tan embarazosa situación con un escueto...”Son necesidades del Servicio”...que queda flotando en el aire hasta que abandona la habitación dejando a Paco Penas de nuevo con la palabra en la boca. Al principio se siente contrariado porque su opinión de nuevo vuelve a ser ninguneada y porque vuelve a sentir que forma parte de un complicado engranaje de donde es difícil escapar. Pero conforme pasan los minutos, Paco ve cierta luz de esperanza porque, al fin y al cabo, eso quiere decir que tendrá compañía y que sus horas de soledad iban a acabar de una vez por todas.
Los celadores traen una cama a la habitación...
...”ya vienen los ingresos”...le dice uno de ellos. Al cabo de un buen rato, unos golpes en la puerta...”con permiso”....Dios, esa voz, le resulta muy, muy familiar...
- ¡¡Amigashooooooooooooooooooooooooooo, otra vé juntito loj dó!!!
Zé Manué (El Chori), con sus ojos más saltones que nunca, descalzo, con sus pantalones cuatro tallas más grandes y a punto de salirse por el escote de la blusa, se planta con los brazos en cruz en ademán de abrazar a un atónito Paco.
- Ya entiendo a los enfermos que quieren la eutanasia.-dice Paco.
- ¿No te da legría vermeeeeeeeee? Amo a selebral- lo, amigashooooo, tinvito un fanta.
- Nunca tienes dinero.
- Pontonse minvita tu a mí, ja-ja-ja-ja...no te procupe, que zeguro questo é como lo que le pazó ar Calígula...
- ¿Calígula? ¿Otro "amigacho" tuyo?
- Que diiiiiiiseeeeee, ja-ja-ja-ja, que vaaaa, amigashoooo....er Calígula é er perro de mi prima la Yésica, un fos-terrín de pinigril....
-De pedigrí, querrás decir...
-Bueno, tumantendío, amigasho...po eso, que el ioputa perro se tragó argo y no paró de cagá en sinco día.....po argo así vamo a tené tú y yo, acuérdate lo que te digo.
La conversación con el Chori continuó por los derroteros habituales en él, y del perro de su prima, pasó a hablar de su Chana, de su abuela Asunción, y de toda su familia en general. Paco fue poco a poco dándose por vencido hasta que, ya avanzada la noche decidió no esperar despierto al último acompañante que debía ingresar.
El Chori, no se sabe cómo ni por qué, tras la visita de un "primo" suyo (asombrosamente con peor pinta que él), se metió algo en la boca y minutos después dormitaba plácidamente en su cama con ojos vidriosos, mirada perdida e hipersalivación profusa.
Paco se introdujo en la cama y se tapó hasta las orejas, dando la espalda al Chori y buscando el alivio de un buen sueño reparador.
En ese momento los celadores introducen la tercera cama en la habitación. En la penumbra tan sólo se observa un bulto tapado con sábanas y mantas que permanece quieto e imperturbable junto a la cama del Chori, que ocupa la parte central. Parece que ahora si hay paz en la habitación. Por fin...
Paco vuelve a darse la vuelta mirando hacia la ventana, dejando a sus espaldas a sus nuevos compañeros de cuarto.
Justo cuando comienza a sentir el picotazo del sueño, piensa... “despues de tantos días de incertidumbre y penalidades y de volver a reencontrarme con el Chori, ¿puede ir algo a peor?”.
Decidido a que es imposible y que ya ha tocado fondo, se anima pensando que sólo queda mejorar y se sumerge en un duermevela dulce. 
Hasta que el nuevo inquilino del cuarto se incorpora y grita a pleno pulmón...
- ¡¡ANTONIAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!


jueves, 24 de abril de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XVI



El paso del tiempo es algo muy subjetivo y depende de una serie de factores que, en muchas ocasiones, nada tienen que ver con la estricta realidad. De todos es sabido que cuanto más entretenida o concentrada está nuestra mente, más rápidamente parecen avanzar las agujas del reloj. Sin embargo, cuando no hay nada que hacer, ver, presenciar o siquiera intuir, el tiempo parece detenerse haciendo el día eterno y la noche infinita. En esa situación, debía encontrarse Paco Penas, atrincherado entre las sábanas y mantas de su cama, encerrado como si fuese un pajarillo entre aquellas cuatro paredes que no se movían de donde estaban y que no aportaban ni un ápice de triste conversación a nuestro protagonista. Por eso, traspasada ya la invisible barrera del mediodía y ya cercanos a la anglosajona "hora del té", Paco vislumbró una novedad en su monotonía diaria...le dolía la cabeza y sentía escalofríos. No era precisamente la mejor manera de salir de la rutina, pero la situación de Paco era tan desesperante que un hecho luctuoso como sería el estallido de la Refinería, supondría un alivio para su mente, completamente imbuída en el blanco de sábanas y pijamas, y en el blanco roto-amarillento de las mugrientas paredes de su olvidada habitación. Así que ni corto ni perezoso, llamó al timbre y le comentó a la enfermera su dolencia. Tras medirle la temperatura y administrarle un paracetamol, Paco se introdujo en la cama y esperó pacientemente el efecto milagroso del comprimido. Pero media hora después, los escalofríos persistían y el dolor de cabeza era insoportable. Paco volvió a llamar, y tras comprobar que la fiebre no había bajado sino todo lo contrario, la enfermera pronunció unas palabras que bien podían haber servido de epitafio para nuestro protagonista.
- Habrá que avisar al Internista de Guardia…hoy está el Dr. Ruiz Bacinete.
Tras una media hora esperando la llegada de tan enigmático personaje, la puerta de la habitación se abre, y aparece un señor cubierto de toda la protección habida y por haber, aunque intuyéndose una impoluta bata blanca y un voluminoso fonendoscopio colgado de los hombros.
El señor, moreno, de mediana edad en todo momento da una sensación de corrección y educación poco común hasta la fecha, lo cual es bienvenido por Paco.
Al menos hasta el mismo momento en que el médico abre la historia médica y comienza a leer... El gesto del doctor va cambiando, del mismo modo que los camaleones cambian de color dependiendo de su entorno...y empieza a dudar...
- Uf...no sé...podría ser...no creo...en fin, habría que...
Una enfermera que se encuentra al lado, se le queda mirando como queriendo saber más...craso error...
- Verá usted, -le dice a Paco, aunque con la clara intención de que la enfermera también se entere- creo que deberíamos hacerle una serie de pruebas...
- Ya me han hecho analíticas, hemocultivos y una colonoscopia...
- Sí claro, aquí lo tengo todo, pero han pasado muchos días y vaya usted a saber de qué se trata -el doctor se va sofocando un poco-...podría ser una diarrea osmótica, o una secretora, podría ser causada por un virus, o por una bacteria, podría tratarse de un colon irritable, una simple hipermotilidad intestinal, una enfermedad de Crohn, un Síndrome de Malabsorción...

Ahora es Paco el que comienza a cambiar de color…
-...y no habría que descartar la posibilidad de que fuera disentería, o incluso, sí, por qué no ¿ha ingerido usted últimamente etanol?, no, no, no, olvídelo. ¿Y loperamida, ha ingerido usted últimamente loperamida? Tampoco, ya veo. Esto es un “pastizo”.

El sudor empieza a caer por la frente del Dr. Ruiz Bacinete que pasa las hojas de la historia médica nerviosamente.
-...Giardiasis...es otra posibilidad, ¿usted ha bebido últimamente agua de charcos? No, no, ya veo que lleva usted aquí ingresado casi un mes.

Paco mira a la enfermera buscando consuelo en su mirada, y tan sólo obtiene una respuesta encogiendo los hombros y mirando al techo.
-...podría ser diarrea del viajero. Ah no, es verdad, que lleva aquí un mes metido, es imposible. Salmonela, escherichia colli. Y no podemos descartar que sea cólera…
El médico cierra súbitamente la historia y le dice a la enfermera...
- Toma nota. Le vamos a pedir una analítica completa con gases arteriales, un sedimento, orina de 24 horas, coprocultivo y heces para micobacterias, le vamos a sacar de nuevo hemocultivos seriados. Hoja de consulta a cirugía (no vaya a ser cosa de ellos), hoja de consulta a digestivo, hoja de consulta a neumología, hoja de consulta a salud mental (vete a saber a qué es debida la diarrea), quiero control de diuresis diaria y le vamos a colocar una vía periférica con sueroterapia. Le vamos a pedir enema opaco, nueva colonoscopia, TAC abdominal urgente y Resonancia Magnética muy preferente. Para empezar ahora, una Radiografía simple de abdomen urgente. También le vamos a pedir un estudio gastroesofágico. Necesito un teléfono para hablar con un experto en enfermedades tropicales…

Paco empieza a escuchar la voz del doctor cada vez más lejana, mientras éste sigue con la interminable lista de posibles patologías que pudieran haber desencadenado sus diarreas. Conforme van apareciendo nuevos vocablos extraños en la garganta del internista de guardia, la visión se hace más borrosa y Paco va cayendo en un extraño sopor producto de la mala impresión…hasta que de nuevo una pregunta del médico espabila los sentidos de Paco…
- … ¿ha estado usted últimamente en el Caribe, o en África Subsahariana? ¿no? ¿y le ha picado algún mosquito raro? ¿Tampoco?...
- ¿Algo más?-pregunta con sorna la enfermera que ha observado el aumento de la palidez del rostro del paciente.
Tras un breve momento de reflexión del Dr. Ruiz Bacinete, éste sentencia finalmente:
- Sí, comprobar si se desratizó correctamente esta habitación en su día. Hoja de consulta a Medicina Preventiva, también. Y llama a mantenimiento para que arregle el picaporte de la puerta.

Dicho esto, el internista abandona la habitación dejando a Paco Penas aterrorizado con todo lo acontecido e intentando ordenar ideas sobre qué tipo de amenaza se cierne sobre su salud y todas las medidas adoptadas para su resolución. Finalmente, en la soledad de su habitación, Paco llega a la conclusión de que lo mejor hubiera sido cerrar la boca y esperar a que la fiebre se hubiera ido sola sin "ayuda" de nadie.

"EL MUNDO DE LA FANTASÍA", RECOPILACIÓN DEL I CONCURSO DE RELATOS FANTÁSTICOS DOYRENSMIC, YA ESTÁ A LA VENTA





A través de la editorial El Sastre de los Libros, el Club Doyrens (web literaria hispano-argentina) ha publicado su recopilación de relatos correspondientes al I Concurso de Relatos Fantásticos "DoyrensMic" 2013, cuyo Primer Premio recayó en el relato "La bestia del Cantábrico" de Alberto Puyana.

"El mundo de la fantasía" va ya por su segunda edición, e incluye además de los relatos participantes (encabezado por la historia ganadora) en sus páginas finales, los agradecimientos de los miembros de Club Doyrens, y una amplia dedicatoria del autor de la obra ganadora, donde recuerda su relaicón con la literatura fantástica desde su infancia y adolescencia.

Para reservar ejemplares de este recopilatorio, basta con rellenar este boletín.

Deseamos desde estas líneas, mucho éxito a esta edición del Club Doyrens y un largo viaje a "El mundo de la fantasía".


jueves, 17 de abril de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XV



No es que Paco fuera persona desagradecida o particularmente exigente con las mínimas comodidades que un centro hospitalario de la red pública andaluza pudiera ofrecerle, aunque haya podido parecerlo hasta ahora. Al fin y al cabo la familia Penas era de origen muy humilde: pescadores, estibadores de puerto y obreros de la construcción y metalurgia. La inmensa mayoría de la familia Penas, había hecho honor al apellido desde el comienzo hasta la conclusión de sus erráticas vidas. El único caso familiar de "estatus social alto" era el de un primo de Paco que estudió derecho en la Complutense en los años 70; aunque a mediados de los 80 se dedicó a su deporte favorito, el levantamiento de vaso de tubo en barra libre (para lo que sin duda hubiéramos disfrutado de campeón y medalla de oro durante 3-4 olimpiadas seguidas). De esta absurda manera, el bueno de Diego Penas (el primo de Paco) dilapidó sus ahorros y su escasa reputación, a la vez que en la Justerine & Brooks colgaban su foto enmarcada como cliente del año durante una década...
Pero dejemos de divagar sobre la enjundia del apellido Penas.....
Nuestro triste protagonista veía pasar las horas encerrado entre cuatro sobrias paredes que parecían observarlo con la insana intención de echársele encima al pobre Paco.
La ventana, la pared, la puerta...sus ojos trazaban una y otra vez un recorrido que empezaba a ser cansino, monótono y poco alentador para una persona con tan frágil espíritu.
De vez en cuando se refugiaba en su fiel radio de bolsillo que le acompañó desde los primeros momentos de su desdichado ingreso en el Hospital, y hubiera seguido siendo un excelente compañero de viajes de no ser porque las pilas alcalinas, por mucho que digan los incansables conejitos del anuncio, siempre tienen un inexorable final. La ventana, la pared, la puerta... 
A ratos, alguna enfermera o alguna auxiliar aparece en la habitación ataviada de una serie de complementos que los hace parecer sanitarios espaciales de la NASA: guantes, batas, patucos... incluso los hay que entran con mascarillas y con gorro.
Paco no termina de entender, a qué viene tanta precaución...y por qué algunos toman una serie de medidas preventivas extenuantes (despojándose de la ropa desechable y lavándose las manos dentro de la habitación) mientras otros apenas siguen la mitad de estas engorrosas precauciones a rajatabla.

La ventana, la pared, la puerta...

Ese día el médico se olvida de él...o al menos eso es lo que piensa Paco, que ve como las manillas del reloj avanzan con una lentitud desesperante, como si cada minuto constara de 500 segundos, y cada segundo transcurriera en lo que normalmente pasan cuatro.
La ventana, la pared, la puerta... La puerta...¿se abre?
Efectivamente, la puerta se va abriendo poco a poco, y la esquelética figura de Zé Manué asoma bajo el dintel empujando mansamente el pomo.
- Amigashoooo... ¿cómo ejtáh?
Paco Penas (quién se lo iba a decir), siente una extraña alegría al observar a su ex-compañero de habitación....un ser vivo sin ningún tipo de protección, por fin....un momento.... ¿¿¡¡sin protección!!??
- ¡Pero hombre, qué haces ahí sin ponerte nada!
- Naaaa, tu tranquilo amigasho, zi yo ya tengo en er cuerpo bisho má pinigrozo quer que tu tiene ner culo, zeguro, ja-ja-ja-ja.
-Y¿qué quieres?
- Naa, que mandejao zolo en er cuarto ystaba emburrío, ¿zabusté? ej que no dehan a nadie de mi hente que me vizite, porque disen que yo lo mijmo he cohío er bisho de loj cohone ¿zabusté?
- ¿Que también te han aislado?
- Po zí, amigasho, yo tambien tengo er cotíleo difísil, pol-lo vijto.
- Y si estás aislado… ¿qué haces aquí?
- Po naaaa, venía a bujcarte, amigasho, que no vea la que pazao pa encontral-lo. He ío habitasión por habitasión, preguntando po ujté
Paco se echaba las manos a la cabeza y se tapaba los ojos mientras negaba con la cabeza...el dichoso bichejo tenía que estar campando a sus anchas por toda Medicina Interna, por obra y gracia del Chori. Se escuchan unos gritos en el pasillo. “¡¡José Manuel!! ¿Dónde estás?”...movimiento nervioso de pasillos. Zancadas a paso ligero, puertas que se abren, e incluso el ruido de un transmisor portátil típico de los señores de Seguridad.
No, por aquí no está; ve por la escalera de atrás...sí yo sigo en la Tercera....” Zé Manué, con los ojos muy abiertos, sin pestañear y ante el tumulto que escucha fuera le dice a Paco...
- Ofú, amigasho, creo que la he liao otra vé...
- Me parece que sí...
- Güeno, po me ví a bajá a la zegunda planta, questa gente zeguro que no me va bujcá en matennidá...
- Nooooo, hombre de Dios, ni se te ocurraaaaaa… En ese momento, la puerta se abre de nuevo y tres
enormes señores vestidos de verde y caqui, con aire paramilitar y transmisor en mano, se abalanzan hacia el Chori, y protagonizan una escena semejante a la captura del Ñu por parte de tres leones de la sabana africana.
Aunque en este caso el Ñu pone vestidos de limpio a los leones.
- ¡Yo me ví cagá en la zorraputa de tu mare!-dice el Chori.
- ¡Que te calles ya!
- ¡No me pongah la mano ensima que zoy pinigroso, que tu no zabe con quien ejtá hablando!
- ¡Ahora mismo te vamos a sujetar en tu cama un rato!
- ¡¡Zujétate tu un güevo!!
Dos de los de Seguridad llevan en volandas al Chori mientras éste grita a pleno pulmón.
- Chanaaaaaaa, onde está la Chanaaaaaaaaaa, tengo deresho a una llamááááá, que lo vijto en laj pinícula, dejarme hablá con la Chanaaaaaaaaaaaaaaaaa.
El tercer "león", se sacude un poco la ropa y resopla cansado y tras avisar por el transmisor al resto de sus compañeros con un “todo controlado” se dirige a Paco.
- Ya pasó todo, ¿usted está bien?
- Yo perfecto, pero ¿no deberían haber entrado con protección.
- ¿Ah sí?
- Y sus compañeros, ¿no deberían haberse lavado las manos antes de salir?
El fornido muchacho de Seguridad se encoje de hombros, y sólo acierta a responder
- Que tenga un buen día.
Y así, Paco volvió a meterse en la cama mientras al fondo oía los alaridos del Chori que inundaban el pasillo de Medicina Interna.
Todo volvía a la normalidad.


La ventana, la pared, la puerta...

ALBERTO PUYANA, EN LA PRESENTACIÓN DE "SANATIO", LA NUEVA NOVELA DE LOLA MONTALVO

El pasado 13 de febrero, en el Salón de Actos del Excmo. Colegio Oficial de Enfermería de Sevilla, tenía lugar la presentación de la novela histórica "Sanatio", de la escritora Lola Montalvo.
Para la ocasión, su autora contó con la colaboración de los escritores Félix G. Modroño y Alberto Puyana, que plantearon durante la hora de presentación, un debate ameno y simpático sobre la novela y la actualidad literaria en general.


Félix G Modroño, a la izquierda. A la derecha, Alberto Puyana y a su lado, Lola Montalvo.


Tomaba la palabra en primer lugar Alberto Puyana, agradeciendo al público su asistencia y a Lola Montalvo la invitación al evento. Durante su exposición, enumeró las muchas virtudes de "Sanatio", entre las que destacó que "es una historia accesible para todo tipo de públicos, no hace falta ser un experto en Historia de Roma" y sobre los personajes "perfectamente dibujados, con profundidad, y que le dan a la novela mucho realismo".

Por su parte Félix G. Modroño (autor de "La ciudad de los ojos grises", "La sangre de los crucificados" o "Muerte dulce") destacó la ambientación de la novela y su buena narrativa a pesar de "que la densidad, me predispuso negativamente en un principio". Igualmente hizo hincapié en las excelentes descripciones de la autora en escenas de sanación..."se nota que es enfermera", afirmó con gracejo.

Por último, la propia Lola Montalvo se encargó de contar los entresijos de la novela, el exhaustivo trabajo de investigación que supuso ahondar en una época de Roma poco conocida para el público en general. Admitió haber impregnado a su personaje principal (Ana) de su propia personalidad, dotándola de sus reacciones y su carácter y negó la posibilidad de emprender el camino de una segunda entrega de la historia, a pesar de que hay público que lo ha solicitado, y la propia novela daría pie a una continuación.

En una última ronda de impresiones, Alberto Puyana manifestó la necesidad de que "el público se quite prejuicios y etiquetas de la cabeza. No hace falta ser Catedrático en Filología o Literatura o haber estudiado Letras para escribir. Lola y yo mismo somos enfermeros...y cualquiera podría hacerlo si se lo propone. Quizás hoy entre el publico asistente hay un escritor potencial de best-sellers".
Afirmación que corroboró posteriormente Félix G. Modroño que añadió que "lo principal para poder escribir historias es leer...leer mucho. Para ser un gran escritor, primero hay que ser un gran lector".

De esta manera, y con los correspondientes agradecimientos de la autora, se puso punto y final al acto de presentación, al que siguió la firma de ejemplares.

Desde estas líneas animamos a leer esta cautivadora novela de Lola Montalvo: "Sanatio" (GoodBooks).



jueves, 10 de abril de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XIV



Pasaban las horas inexorablemente y Paco Penas veía como poco a poco su cuerpo parecía darse la vuelta como un calcetín. Hacía no más de una semana había ingresado en Medicina Interna, aquejado de tos y fiebre, y lo que en un principio había sido un diagnóstico dudoso y tímido de neumonía, había derivado en multitud de pinchazos, analíticas de todo tipo, culminando con la escalofriante experiencia de una colonoscopia y unas diarreas de 48 horas de evolución sin ningún atisbo de resolución temprana, al contrario, con indicios de mantenerse otras 48 horas extras. Basilio a su vez seguía con la misma sintomatología que Paco, y el hedor en la 305 era prácticamente insoportable, incluso para algunos miembros del personal que intentaban acelerar su paso por la habitación y salían por la puerta como alma que lleva el diablo, buscando el consuelo de una bocanada de aire fresco y limpio.
El propio Zé Manué había abandonado sus bromas e impertinencias, y buscaba el cobijo del hueco de las escaleras para librarse de la tortura olfativa a la que era sometido.
Cuando no tenía más remedio que volver a la habitación por algo, nada más entrar cerraba la boca, arrugaba la nariz y con sus ojos saltones decía...”¡¡qué pejte, caraho!!”...revolvía entre sus cosas y aligeraba el paso para dejar atrás la hediondez del cuarto.
Cierta tarde, Paco observa cuchicheos de pasillos...dos batas blancas por un lado, otras tres por otro...todos hablando casi al oído, y lo poco perceptible estaba expresado con un mensaje "cifrado", una especie de código secreto que bien pudiera ser compatible con una comunicación de la CIA o la Interpol.
No se sabe si por cuestiones personales, o vaya usted a saber de qué índole, el caso es que de repente una enfermera entra en la habitación y habla con Antonia, la hija de Basilio.
- Tenemos que cambiar de habitación a Basilio.
- ¿Por qué?
- Es que tenemos que pasarlo al Aislamiento.
- ¿Qué ha pasado?
- Le han detectado un "bichito" que le provoca esas diarreas, y es contagioso; por eso tenemos que aislarlo.
Paco Penas siempre tuvo un oído fino, y la conversación a pesar de producirse a 15-20 metros de donde se encontraba, fue meridianamente clara para sus receptores auditivos. Paco, paseaba nerviosamente de arriba a abajo...un bichito...contagioso...
Como si se lo estuviese temiendo, una enfermera se acerca a hablar con nuestro protagonista.
- Francisco, ¿no ha hablado contigo el médico?
- No, desde hace un par de días, ¿pasa algo? ¿ha salido algo en la colonoscopia?
- No, eso ha salido bien, no hay nada raro.
- ¿Entonces?
- Necesitamos que nos dé una muestra de heces. Acto seguido, la enfermera le acerca un tarro de
plástico translúcido.
- Eso no será difícil…-replica Paco.
Dicho y hecho, prácticamente a los diez minutos de tener el tarro en sus manos, nuestro infeliz protagonista ya había completado satisfactoriamente la recogida de la muestra, la cual entregó rápidamente a la enfermera que se lo había solicitado.
Hubo de esperar un par de días para que el Dr. Carapalo acudiera al pase de sala.
Con su habitual cara de asco (esta vez tenía una buena razón, pues el olor en la habitación era nauseabundo), carpetas en mano y rictus severo se acerca a Paco.
- A ver, Francisco, le tenemos que cambiar de habitación.
- ¿Y eso por qué?
- Porque le hemos detectado un bichito, y puede ser contagioso si no se toman medidas
- ¿Y qué bichito es ese, si se puede saber?
El doctor lo mira con cara de "ya me van a hacer perder el tiempo" y le dice con voz grave.
- Clostridium Difficile...
Zé Manué que estaba atento, responde...
- Fú, zo zuena mu má ¿zabá morí?
- No, no suele ser mortal...
- ¿No suele?-responde Paco.
- No, no, no, para nada, no tiene por qué haber complicaciones...
- ¿Pero puede haberlas?
- Hombre, como todo en esta vida, nunca se puede decir que no con un 100% de seguridad, y...

Dicho esto, el Dr. Carapalo toma las carpetas en las manos y sin dejar de mirar a los pacientes de la 305, empieza a retroceder lentamente, en una de sus brillantes maniobras evasivas dejando a Paco con la palabra en la boca.
Al poco, Paco Penas recoge sus cosas y es trasladado a un cuarto en cuya puerta hay un cartel que pone "AISLAMIENTO DE CONTACTO".
Justo antes de abrir la puerta, inspira profundamente temiendo que su libertad cada vez está viéndose más reducida en espacio y tiempo a la vez que la sensación de claustrofobia va en aumento.
Zé Manué se acerca a Paco e intenta consolarlo.
- Amigasho, zeguro quezo nosná, yo haze tiempo cuando era un chavea también tenía bisho en er culo, ¿zabusté?, ademá macuerdo que me picaba una jartá, y yo venga rajcarme, y venga rajcarme, y ná que no za ma quitaba. Mira, y me dió la mama un remedio de la güela Zunzión poniéndome arcó de romero con no zé qué yerba en tor zerete ¿zabusté?
- ¿Y se te quitó?
- Po me paeze que no, pero cagá, parecía que cagaba eucalito, amigasho.


sábado, 5 de abril de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XIII



La pequeña tregua que el destino reservó para el bueno de Paco Penas apenas duró 24 horas. Un día completo de sempiterna peregrinación al inodoro que contribuyó a erosionar aun más si cabe, la maltrecha fortaleza física y mental de nuestro protagonista.
Si no era suficiente con las evacuaciones interminables, para colmo de males el Chori no cedía en su irritante empeño en sacar de sus casillas a Paco con comentarios soeces y faltos de tacto, en un despreciable ejercicio de "acoso y derribo" a su moral.
Finalmente el segundo intento fue el definitivo, y la prueba se realizó con éxito y aunque traumatizado por la desagradable experiencia de pasar por Endoscopia, Paco respiró aliviado.
Cansado, derrotado, hundido, agraviado, humillado,...y por último hambriento como hacía tiempo que no se sentía, por fin se sumergió en las profundidades de sus sábanas blancas y descansó algo.
Muchas horas con una triste dieta líquida lo habían terminado de dejar apenas con las limitadas fuerzas que te permiten soportar los párpados abiertos, y así fue como Paco esperó con ansia desmesurada la llegada de un almuerzo, del que no había podido disfrutar porque durante el reparto de bandejas de comida, se encontraba pasando "las de Caín" con el endoscopista.
Pero era una muy sana costumbre la de Medicina Interna (y el resto de unidades hospitalarias del centro, en general) la de enviar de vuelta la bandeja a Cocina, y reclamarla posteriormente cuando el enfermo está de vuelta en su cama; de esta manera, la comida no llegaba fría a los desconsolados jugos gástricos de los pacientes.
Y así fue como, tras la vuelta de Paco a su lecho, una de las enfermeras telefoneó a Cocina solicitando la bandeja de nuestro protagonista para que pudiese disfrutar de un merecido ágape.
Paco comienza a tener unos ligeros ruidos intestinales con molestias difusas. Una especie de "desazón" extraña, que lo empujan tímidamente a caminar de nuevo hacia el WC.
Una intensa y nauseabunda diarrea le obligan a permanecer unos minutos en el cuarto de baño. Finalmente, vuelve a la cama.
Zé Manué ("el Chori") sonríe con maldad y aunque por un momento parece que va a volver "a la carga", se queda mirando a Paco sin parpadear...parece que hasta él mismo está cansado de hacer chistes con el mismo tema.
A los tres minutos, Paco vuelve a entrar en el servicio con urgencia pero esta vez se ve obligado a quedarse un largo rato.
En ese tiempo, una pinche con bastantes prisas y algo atolondrada en su proceder, se precipita hacia el mostrador de enfermería con cara de pocos amigos, como si el hecho de portar una bandeja en sus manos y subir a la tercera planta (en ascensor, todo sea dicho) supusiera una afrenta a los derechos adquiridos en los últimos 150 años por todo trabajador en su jornada laboral.
Tras preguntar con aire de "quién puñetas me ha llamado para subir esta bandeja", una auxiliar le indica que es para la 305.
Cuando le van a indicar que es para el de la cama de en medio, la pinche hace unos segundos que ha dejado a la auxiliar con la palabra en la boca, y se encamina con un andar entre malhumorado y enrabietado, bandeja en mano.
Paco permanece encerrado a su pesar en el WC, tirando de la cadena de tres en tres minutos sin poder abandonar su "trono".
La pinche, que entra en la habitación como un miura en toriles y solo le falta bufar y escarbar con uno de sus pies en el suelo, pregunta
- ¿Para quién es esta bandeja?
- Pa mí.-responde desde el fondo de la habitación
Zé Manué.
Y la pinche ni corta ni perezosa, le planta la bandeja enfrente al esquelético Chori que abre los ojos al punto de parecer que se salen de sus órbitas. En ese momento, la pinche repara en que hay una bandeja vacía junto al Chori
- ¿Y esa bandeja?
- Eza é de mi amigasho, que ejtá en el zirvisio,
¿zabusté?...ej que za la comío con musha janzia y la zentao como uná patán logüevo, y allistá rilándoze vivo, ¿zabusté?
Satisfecha con la explicación, la pinche se da media vuelta y abandona la planta.
Zé Manué da buena cuenta de la bandeja de Paco, mientras éste intenta calmar sus alborotados movimientos intestinales.
Cuando consigue salir del WC, el Chori hace un rato que ha terminado de comer y apoya una de sus manos en un abultado abdomen, poco acostumbrado a semejante festín.
Paco espera pacientemente unos minutos, pero al ver que ha pasado más de media hora se dirige al mostrador de enfermería.
- Perdone, ¿sabe usted si hay algún problema con la comida?
- ¿Cómo que con la comida?
- Sí, es que llevo un rato esperando y no me han traído todavía el almuerzo
- ¿Cómo que no? Pero si ha estado aquí la pinche con la bandeja… ¿¿alguien sabe dónde está la bandeja de comida del 305-2??

El personal rebusca por mil y un escondites...quizás no se llegó a enviar al destino correcto. Finalmente alguien se acerca a la habitación y ve las tres bandejas.
La cercanía de dos de ellas al cuerpo del Chori le delatan y éste, en vez de improvisar alguna de sus absurdas ocurrencias, se ríe a carcajada limpia. Una enfermera vuelve a llamar a Cocina...
- Mira, te llamo de Medicina Interna...es que antes me habéis traído una bandeja, del 305-2...sí...es que por equivocación se le ha puesto al paciente de al lado, y se la ha comido...sí...hija, pues necesito que me subáis otra...no voy a dejar al pobre hombre sin comer, ¿no?...venga.
Pocos minutos más tarde vuelve a aparecer la "pinche bufadora" dando enérgicos pisotones a medida que avanza hacia el mostrador con otra bandeja en la mano.
- La bandeja...
- Para la 305, la cama de en medio.
- A ver si nos aclaramos...
- A ver si escuchamos antes de salir disparada a la habitación.
El cruce de comentarios y de miradas recuerda a los duelos de los westerns de John Wayne. Mentalmente unos y otros recurren al amplio catálogo de mierdas pasadas para arrojarlas a la cara del contrincante, y bien es sabido que dicho catálogo es amplio. No en vano, determinadas pinches de Cocina pertenecen a un oscuro subgrupo de personajes extremadamente quisquillosas con los temas de las comidas, hasta el punto de rayar en lo absurdo, lo demencial, lo surrealista, lo esquizofrénico…con un exacerbado sentimiento posesivo hacia esas bandejas de comida.

La pinche decide que es mal momento para ponerse farruca porque está en minoría y no tiene razón ni tiempo para discutir, así que lleva la bandeja a la habitación plantándola de mala gana frente a Paco.
Con los brazos en jarra, se vuelve hacia el Chori en actitud vengativa, diciendo…
- Te habrás quedado a gusto...
A lo que Zé Manué responde torciendo el gesto...
- Mayormente, zí zeñorita...pero con un colacaíto me quedaba “rey”, ¿zabusté?


lunes, 31 de marzo de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XII



Después de la "húmeda" madrugada en la 305, a nuestro querido protagonista Paco Penas apenas le quedaban fuerzas ni ganas para afrontar un nuevo y desmoralizador día entre las vetustas paredes de aquella aislada unidad de Medicina Interna del Hospital Puerta de San Pedro.
La cadena de desgracias y sucesos extraños acaecidos sobre la persona de Paco, podría plantear a los más avezados investigadores de lo paranormal un nuevo enigma, al que dedicar con tesón y dedicación exhaustiva, todo un programa monográfico de "Cuarto Milenio".
Posiblemente el mismísimo Iker Jiménez acudiría sin pensarlo a esa tercera planta del Hospital para conocer in situ al hombre más castigado por las maldiciones en los últimos días.
El caso es que Paco Penas empezaba a asumir su desgraciada existencia en la unidad, no sin cierto aire de conformismo y estoicismo, lo cual no dejaba de ser un hecho verdaderamente admirable para el personal de planta.
Si hacía unos días la llegada de una nueva jornada suponía un aumento de su ansiedad ante el tipo de suceso que le tocaría padecer, ahora sin embargo Paco daba por hecho que "algo" nuevo le pasaría en el nuevo día.
Y así transcurrió una mañana, en la que por fin le confirmaron que la dichosa prueba que se le había pedido, se realizaría en breve.
A los cambios de dieta acostumbrados para este tipo de praxis, se añadió el día antes la nauseabunda experiencia de tener que ingerir una sustancia acuosa, transparente pero de sabor horrible que le provocaban intensas arcadas.

A mediados de la tarde, Paco Penas empezó a acudir con urgencia al WC cada pocos minutos para evacuar de forma espectacular una vez tras otra.
- Amigasho,¿¿tiene la barriguita mala??...le preguntaba con sorna y algo de mala leche el Chori.
- Amigasho, le pido a la mushasha una mentita poleo, ja-ja-ja..
Las idas y venidas de Paco al baño, aderezadas con la socarronería de los comentarios de su nuevo compañero de habitación, no hacían sino minar la moral de nuestro protagonista que empezaba a sentir como el escozor en su esfínter anal se volvía insufrible.
- Amigasho....¿¿quiere un cubito de yelo pal culo??..ja-ja-ja...

Sin perder las buenas formas y la exquisita educación que recibió desde pequeño en su hogar, Paco negaba sutilmente con la mano, como quitando importancia a las molestias que sentía, aunque por dentro sentía como si el mismísimo infierno con Lucifer al frente se hubiera introducido en apenas unos cuantos centímetros cuadrados de intestino. La percepción de calor sofocante en la zona, acompañado de la sensación punzante de decenas de agujas, hacía que Paco Penas se planteara el hecho de acudir nuevamente al WC, pues la tortura evacuatoria era superior al alivio intestinal posterior.
- Amigasho, ¿¿le pido a la mushasha unos porvito de tarco??, ja-ja-ja....
Cuando el celador vino a recogerlo para llevarlo a Endoscopia, Paco Penas se felicitó por perder de vista aunque fuera unos minutos al Chori y sus bromas de mal gusto. Quería que el mal rato pasara lo antes posible, y poder descansar por fin de tanto maltrato digestivo.
Llegó el momento de la verdad. Paco Penas observaba sobre una mesa un tubo de un dedo de grosor y de bastante longitud, y sintió escalofríos de pensar que semejante "boa constrictor", en breves segundos camparía a sus anchas dentro de su cuerpo.
- Bájese los pantalones.
La seca frase, casi escupida a la cara de Paco Penas sonó en el aire como el anuncio de una sentencia de muerte.

Allí estaba Paco. Perdida totalmente su ya de por sí anulada dignidad, en cueros y esperando a que un desconocido le metiera "más de medio metro" de tubo por detrás.
La sensación de indefensión era notable, y producto de la vergüenza, apenas si podía levantar la vista del suelo...
- Vaya por Dios.-dice el endoscopista.
- ¿Pasa algo?
- Se nos ha vuelto a estropear el maldito cacharro este.
- ¿Cómo?
- Lo que oye.
Paco Penas suspiró aliviado en un primer momento, aunque luego reparó en que sólo se trataba de un "aplazamiento de la ejecución", por lo que abatido, volvió a sentarse en la silla de ruedas que empujaba el celador.
Nada más llegar a la planta una enfermera le pregunta...
- Francisco, ¿ya le han hecho la prueba?...a lo que contesta el celador...
- Se ha estropeao el cacharro.
En ese momento suena el teléfono y contesta la enfermera.
- Medicina Interna...si...si...de acuerdo...pero eso ya es seguro, ¿no?...vale, de acuerdo...adiós.
Cuelga el teléfono y se dirige a Paco...
- Mañana te hacen la colonoscopia.
- ¿Seguro? ¿estará arreglada la máquina?
- Eso me han dicho los de abajo, así que hoy vamos a seguir con la preparación...

24 horas más de tortura se presentan ante Paco, que está al borde de las lágrimas de pensar en tener que volver a pasar por la misma experiencia una vez más.
Ya se lo decía Don Anselmo poco antes de morir, en uno de sus últimos e intermitentes ingresos..."no entiendo el interés que tienen estos "batas blancas" en verme por dentro, esa necesidad de volver a mirarme por el mismo agujero una y otra vez... ¿es que no se creen lo que vieron a la primera?"...verdades como puños, Don Anselmo.


miércoles, 26 de marzo de 2014

"EL PRETICANTE" (Lectura Online).- Capítulo XI



Negros nubarrones sobre la atormentada mente de nuestro querido Paco Penas, que apenas acababa de salir de un atolladero para encontrarse de bruces con un nuevo obstáculo en su ya frágil serenidad, que por otra parte ya había dado suficientes muestras durante todos estos días de estar hecha de un material especial, resistente a bombas nucleares.
Es irónico como un personaje como Basilio, ese decrépito, enfermizo, anoréxico y descerebrado anciano que atormentó a nuestro protagonista durante sus primeros momentos desde su ingreso, se había convertido de la noche a la mañana, en la única compañía "deseable" de la 305. Habían bastado unas horas para que Zé Manué el "Chori", el hijo de la Fen-nanda, se hubiera hecho acreedor del desprecio, asco y (por qué no decirlo) miedo de Paco; Basilio no era más que un angelito al lado de aquél aprendiz de Atila, que en una sola tarde puso en jaque a todo el personal de la planta.
El "incidente de las pastillas" se cerró con una enfermera desconfiada, un Paco Penas incrédulo ante lo que había presenciado, y un importante "colocón" de Zé Manué, aunque nadie diría tal cosa, pues se mantenía sentado en el sillón, con la mirada perdida y sin pestañear todo el tiempo.....quizás es que ese “colocón” era un estado de vigilia permanente en él.

La ventana de la habitación, siseó con fuerza y fue entonces cuando Paco Penas reparó en que el día había dejado de ser luminoso y claro. El cielo completamente rojo, amenazaba con descargar una tromba importante de agua; el viento empezaba a soplar con insistencia, enérgicamente, como queriendo zarandear los cimientos de aquél edificio que se había convertido en cárcel y sala de tortura a la vez, en gabinete de psiquiatría y laboratorio de experimentación,...todo un crisol de despropósitos encadenados que no hacían sino desmembrar la entereza de Paco. "No estaría de más que este temporal arrancara de cuajo este maldito hospital...", pensó.
Y para una vez que habló en voz alta, Dios accede a conceder su deseo...o al menos dio esa impresión. El temporal aumenta por momentos su agresividad y azota sin piedad los cristales de las ventanas, que reciben grandes cantidades de agua.
A la vista de la situación, y tras mirar fugazmente el reloj que adornaba su muñeca, Paco Penas
decide irse a la cama y descansar para que la noche pase rápidamente y amanezca un nuevo y esperanzador día.
Con el ruido de fondo de truenos, y el relampagueo de los rayos reflejándose en las paredes de la habitación, Paco comienza a quedarse profundamente dormido, pues al contrario que mucha gente, nuestro protagonista solía relajarse con el sonido del furor de la tormenta.

Pero parece que el destino ha decidido desde hace tiempo, que el momento de duermevela de Paco sea el elegido para el estallido de sus últimas desgracias.
De repente, siente como las sábanas que lo cubren se echan abajo descubriéndolo parcialmente, y alguien lo empuja hacia el otro lado de la cama.
- Amigasho, éshate a un laíto que no cabo.
- “Sí, claro, claro”..., responde Paco medio dormido, dándose la vuelta y cerrando nuevamente los ojos...un momento...Paco abre los ojos, y lleva una de sus manos hacia atrás palpando el cuerpo que reposa a su lado, como queriendo cerciorarse de que, efectivamente, no se trata de un sueño.
Las curtidas manos de Paco tocan un cuerpo huesudo que le resulta familiar...
- Ja-ja-ja...¿questasiendoooo??? ¿ta puesto cashondo, amigasho??? Oye, camí no me gujtan ejta cosa...a mi no me gujta er mariconeo, amigasho, deha ya de metem-me mano...
Paco Penas se sienta súbitamente en la cama
- Pero ¿qué haces en mi cama? ¡¡largo de aquí...!!
- Tranqui, tranqui, amigasho, que no hay que ponerze azín, que yo vengo duna familia desente y humirde, zemo gente zivilizá karreglamo laj coza converzionando zin llegá a la violensia...
- ¿¿Pero se puede saber que haces en mi cama??
¡¡vete a la tuya...!!
- Ozea, yo laría con musho gujto, amigasho, que no ej que yo zea un azaltadó de cama, ni ná por el ejtilo, ni ej que yo zea mozerzuá o como ze diga, aunque yo eza coza laj rejpeto que cada cuá haze con zu culo lo que crea portuno, ¿zabusté?
- ¡¡¡Que te vayas a tu camaaaa....!!!
- Güeno, güeno, no haze farta que me grite, que zoy yonqui pero no zordo, pero ej que no pueo meterme en la cama, porque ejtá mojá.
- ¿Cómo?
- Ozea, no ej porque yo ejté shungo de la póstuma ni tenga er muelle floho, ni ná de ezo, ¿zabusté?, ej que ze mestá lloviendo er techo enzima, amigasho.

Cuando Paco Penas enciende la luz, comprueba que el Chori (por una vez en su vida) dice la verdad. La ventana, la pared y el techo anexos a la ventana se encuentran empapados en agua. Unas goteras que dejan en pañales las cataratas de Iguazú, amenazan con provocar el hundimiento del Hospital cual Titanic.
- ¿ Pero cómo es posible esto en un hospital, por Dios?
Paco Penas llama al timbre, y tras cuatro sonidos de llamada, un enfermero aparece en la habitación.....
- ¿Qué desea?
- Que se nos viene encima la lluvia, oiga...
- Ostiiiiiiiiaaaaa… pues sí que hay agua…pero espérese un momento...
El enfermero se va unos segundos y vuelve con un mango de hierro en la mano.
- Eso es que no estaba bien cerrada la ventana, ahora mismo la pongo bien...
El muchacho coloca el mango, pero en vez de cerrar, abre más la ventana...una repentina racha de aire la abre de par en par, permitiendo que la furia del viento y la lluvia entren casi hasta la mitad del pasillo.
Servilletas de papel, vasos de plástico y hojas de periódico revolotean sin control por la estancia dando vueltas y vueltas, mientras las cortinillas que separan las tres camas (y que proporciona una leve intimidad a los enfermos) se mueven violentamente como queriendo escapar hacia la puerta de la habitación. La portada de un periódico se pega literalmente a la cara de Paco y provoca un nuevo resbalón con aterrizaje de nalgas. Atropelladamente y no sin dificultad, el enfermero consigue empujar las hojas de la ventana y cerrar con el mango de hierro. La paz vuelve a la 305. Parece como si todos hayan estado expuestos a una ducha durante un par de minutos.

- No se preocupen que ahora mismo traemos ropa seca y limpia y arreglamos las camas- dice el joven enfermero, empapado de pies a cabeza.

Paco Penas permanece inmóvil en el centro de la habitación, con los brazos en cruz separados del cuerpo, dejando que el agua gotee por la manga de la blusa y forme un pequeño charco en el suelo.
Mira las palmas de sus manos, húmedas, congeladas y pálidas del frío y se pregunta en qué momento enojó a Dios tanto como para que le castigara de aquella manera.
Una mano coge la parte baja de la blusa de Paco y le da dos pequeños tirones hacia abajo, intentando llamar su atención. Es Basilio, un Basilio cómicamente "duchado" por el temporal, y que ahora está despierto.
- ¿Qué pasa Basilio?-pregunta Paco.
- Tengo sed -responde el anciano...a lo que añade
Zé Manué...
- Po no zerá por farta dagua, cohone...